jueves, octubre 30, 2014

La desnudez de Miss Burbujas en La Habana de 1953.


 


El 7 de noviembre de 1953, en el Paseo del Prado y la calle Animas, en la capital, al atardecer, ocurrió algo insólito. Una mujer bajó de un taxi sin más ropaje que un ceñido monobiquini y una capa de agua transparente.  Era bailarina nudista Burbujas-Bubbles, en busca de publicidad gratuita, decidió darse una caminata por el Paseo del Prado, precisamente a la altura de la calle Neptuno, los predios de la “Engañadora”. la famosa cancion de moda por aquella epoca.  Con la mayor naturalidad abrió una sombrilla y ante el asombro general de los que por allí pasaban comenzó a andar por el céntrico y concurrido bulevar.

Pronto se vio rodeada de curiosos. Los puritanos, gritaban: ¡Desvergonzada! ¡Qué descaro! y otros, con mentalidad más joven, se deshacían en galanterías. ¡Bárbara! ¡Sabrosa!. ¡Ave Maríaaaaa!.

Se cuenta que de una vitrola de un bar cercano se escuchó el cha-cha-chá, “La Engañadora” y la dama de la capa transparente aprovechó para bailar aquel compás con el más impecable estilo cabaretero. Suponemos que lo de la música estaba “arreglado”, aunque esto no está documentado.

Cuando llegó al Parque Central, ya venía escoltada con un escándalo de claxons de autos y un sinnúmero de piropos de los más diversos colores. Aparece el foto-reportero, Rubén González, del diario “Información” quien tomó estas fotografías, que aunque de mala calidad, ilustran esta publicación.

Por el alboroto causado llegó un policía que le preguntó qué hacía así por la calle. Ella, con su más seductora sonrisa le respondió: ”Yo solo quería demostrar que no soy La Engañadora.” El uniformado como no sabía si era una loca o una exhibicionista, decidió llevarla a la estación de policía.  Por tan peculiar paseo fue multada con 200 pesos, aunque otras fuentes aseguran que solo fueron 50.

Las actuaciones revelaron que se trataba de la stripper Virginia Martha Lachima, una bailarina norteamericana conocida en el mundo del burlesco como “Miss Burbujas” y que debutaría próximamente en un cabaret capitalino. Ella había ofrecido un anuncio vivo de su arte en el lugar más concurrido de La Habana.

De aquella exhibición callejera de “Miss Burbujas” hace 61 años ya casi nadie se acuerda, aunque si perdura el ritmo de la música perdurable del maestro de Enrique Jorrín.  Parece ser que su hija vive en Miami.

En cuanto a las fotografías se deben al foto-reportero Rubén González Muñoz que naciera en San Fernando de Camarones en 1920 y fuera reportero gráfico del periódico Mañana de 1946 a 1952 y del diario Información de 1952 a 1958, año en que se alzó en el Frente del Escambray alcanzando los grados de capitán. Al llegar la Revolución trabajó en la revista Bohemia hasta su jubilación en 1982. Falleció en La Habana en 1992.

 
 

 
 

 
 
 
 
Fuente:  Informacion tomada de varios lugares de internet.
"Cuba en la memoria", "Memorias de Cuba" "Artistas de Cuba"
 

lunes, octubre 20, 2014

Uno de los intentos de Fidel Castro de apoderarse de Venezuela



 
Esta foto le dió la vuelta al mundo. Fue tomada en Puerto Cabello durante el “Porteñazo”, el levantamiento de la Base Naval de Puerto Cabello, en uno de los intentos de Fidel Castro de apoderarse de Venezuela después de que Rómulo Betancourt cortara relaciones con Cuba.
Posteriormente, se comprobó la participación en los acontecimientos del "Porteñazo" de políticos ligados al Partido Comunista de Venezuela y se inició una profundización de la política de depuración en las Fuerzas Armadas de oficiales ligados o sospechosos de simpatía con la izquierda.
 
Los militares de ese momento, quienes si eran dignos de esta patria, le hicieron frente a los vendidos a Fidel y esa sangrienta intentona, la más sangrienta de la Historia de Venezuela, fracasó dejando un saldo de 400 muertos y 700 heridos. Venezuela lucha hoy por recuperar la Libertad perdida, y sus mejores hombres y mujeres caen an las calles victimas de la violencia comunista de Nicolas Maduro.
 
Fuente:  Publicado el 14 de agosto, 2012 en:  Todos Unidos por Venezuela.
 
 

sábado, octubre 11, 2014

Mambrú se fue a la guerra. Historia de la cancion.

 

Mambrú se fue a la guerra es la versión en español de una canción popular infantil francesa, Marlbrough s'en va-t-en guerre.

Fue compuesta tras la batalla de Malplaquet (1709), que enfrentó a los ejércitos de Gran Bretaña y Francia, durante la Guerra de Sucesión Española. A pesar de su derrota, los franceses creyeron muerto en la batalla a su enemigo John Churchill, duque de Marlborough, que es a quien se dedica la canción burlesca. La melodía de la canción parece ser aún más antigua: según Chateaubriand, es de origen árabe y habría llegado a Francia llevada por los cruzados.

La canción se popularizó en tiempos de Luis XVI: una de las nodrizas del delfín solía cantarla; la canción agradó a los reyes y pronto se difundió por Versalles y luego por todo el país. A España llegó por influencia de los Borbones, con el nombre Marlborough reducido a un más pronunciable Mambrú. Solían cantarla sobre todo las niñas, típicamente acompañando al juego de rayuela.

Existen también versiones en otros idiomas. La inglesa, cantada con el estribillo For he is a jolly good fellow ha dado lugar a la canción del mismo nombre, conocida en España como Es un muchacho excelente y en Argentina, Chile, México, Paraguay, Perú y Uruguay (entre otros países de Latinoamérica) como Porque es un buen compañero.
En la Argentina,  la poetisa y cantautora María Elena Walsh popularizó esta melodía entre los chicos, durante las décadas de 1960 y 1970 fundamentalmente. También la misma autora escribió otras canciones en homenaje a Mambrú como la Canción del estornudo.

Versión en español, España
 
 
 
 
Mambrú se fue a la Guerra,
qué dolor, qué dolor, qué pena,
Mambrú se fue a la guerra,
no sé cuándo vendrá.
ah ah ah ah ah ah ah,
no sé cuándo vendrá.

Vendrá para la Pascua,
qué dolor, qué dolor, qué pena,
vendrá para la Pascua,
o por la Trinidad.
ah ah ah ah ah,
o por la Trinidad.

La Trinidad se pasa,
¡qué dolor, qué dolor, qué pena!,
la Trinidad se pasa
Mambrú no vuelve más.
Por allí viene un paje,
¡qué dolor, qué dolor, qué traje!,
por allí viene un paje,
¿qué noticias traerá?
que do-re-mi, que do-re-fa,
¿qué noticias traerá?

Las noticias que traigo,
¡del dolor, del dolor me caigo!
las noticias que traigo
son tristes de contar,
que do-re-mi, que do-re-fa,
son tristes de contar.

Que Mambrú ya se ha muerto,
¡qué dolor, qué dolor, qué entuerto!,
que Mambrú ya se ha muerto,
lo llevan a enterrar.
que do-re-mi, que do-re-fa,
lo llevan a enterrar.

En caja de terciopelo,
¡qué dolor, qué dolor, qué duelo!,
en caja de terciopelo,
y tapa de cristal.
que do-re-mi, que do-re-fa,
y tapa de cristal.

Y detrás de la tumba,
¡qué dolor, qué dolor, qué turba!,
y detrás de la tumba,
tres pajaritos van.
que do-re-mi, que do-re-fa,
tres pajaritos van.

Cantando el pío-pío,
¡qué dolor, qué dolor, qué trío!,
cantando el pío-pío,
cantando el pío-pa.
que do-re-mi, que do-re-fa,
cantando el pío-pa

viernes, octubre 10, 2014

10 de octubre de 1868. Bandera de Yara su historia.

 
Carlos Manuel de Cespedes.
 

Existieron tres banderas de Carlos Manuel de Céspedes, confeccionadas por varias personas, en distintos lugares y en días diferentes del mes de octubre de 1868; aunque la idea original del diseño correspondió únicamente a este ilustre patriota.

Céspedes y varios de sus amigos de mayor confianza se dieron a la tarea de diseñar y confeccionar un estandarte que identificaría al movimiento insurreccional. En un primer momento, varios de los presentes propusieron que se adoptara la misma bandera que el venezolano Narciso López había izado en Cárdenas, en mayo de 1850. Pero fue el caso que, aunque todos conocían perfectamente los colores (rojo, azul y blanco), ninguno recordaba su diseño. Entonces, para resolver esta dificultad, e inspirándose en la bandera de la República de Chile, Céspedes propuso una nueva insignia, que tendría la misma forma de la chilena, pero con una disposición diferente de los colores. El rojo ocuparía, con el blanco, la parte superior, y el azul marino se extendería a lo largo de la inferior; situándose una estrella solitaria, blanca, en el centro del cuadro rojo.

Los motivos para escoger la bandera chilena no están claros hoy día. Existen varios elementos históricamente comprobados, como la célebre capacidad de previsión política de Céspedes y del Castillo, o el hecho de que existían relaciones estrechas entre importantes funcionarios del gobierno de la República de Chile y la Junta Patriótica de Cuba y Puerto Rico, organización revolucionaria en el exilio, en los meses previos al alzamiento de “La Demajagua”.

Existe la posibilidad de que el caudillo bayamés ya tuviera una idea clara de cual debía ser la enseña del movimiento, escogiendo precisamente el estandarte nacional de Chile, por su diseño sencillo y apropiado a las leyes de la heráldica, con la única diferencia del cambio de lugar de los colores. Y se sabe, por testimonio directo de varios de los participantes en el pronunciamiento del 10 de octubre, que se encontraban presentes en el famoso ingenio “dos ciudadanos suramericanos”, cómplices de aquel trascendental acto revolucionario y el hecho de haber sido admitidos como testigos de la asonada revolucionaria es en sí mismo sintomático acerca de las conexiones de los patriotas isleños con sus hermanos del continente.

Primera bandera

Candelaria Acosta Fontaigne.
 
Fue confeccionada por la señorita Candelaria Acosta Fontaigne, en la noche del 9 de octubre de 1868, en el ingenio Demajagua, cerca de la ciudad de Manzanillo. La bandera fue cosida a mano, utilizándose como materiales partes de un mosquitero del ajuar de Céspedes, un vestido de Candelaria Acosta y hasta un velo que cubría el retrato de María del Carmen de Céspedes, difunta esposa de Carlos Manuel, que se hallaba en la sala de la casona del ingenio. Esta enseña era de forma casi cuadrada, pues media 1.35 metros de largo por 1.30 de ancho.

Candelaria Acosta era una joven campesina de 17 años de edad, natural del poblado de Veguitas, actual municipio Yara, e hija del mayoral del ingenio. Sus familiares y amigos solían llamarla por el apelativo de Cambula.

Segunda bandera

Candelaria Figueredo Vázquez, apodada “Canducha”.
 
Fue confeccionada por la señora Isabel Vázquez y Moreno, esposa del abogado bayamés Pedro Figueredo Cisneros, y por sus hijas Candelaria, Eulalia, Blanca, Eloísa, Piedad y María, en la tarde del 16 de octubre de 1868; en el ingenio Las Mangas, cerca de la ciudad de Bayamo. Esta bandera fue cosida también a mano, utilizándose para ello telas de los colores rojo, azul y blanco, que fueron compradas en Bayamo con ese fin expreso. Dicha enseña era de forma cuadrangular, pues media 1.69 metros de largo por 1.32 metros de ancho; y estaba mejor terminada que la hecha por Candelaria Acosta en “La Demajagua”, debido a que la esposa y la hija de Figueredo eran mejores costureras que Cambula y dispusieron de más tiempo y materiales más apropiados.

Candelaria Figueredo Vázquez, apodada “Canducha”, fue la encargada de entrar con esta segunda bandera a Bayamo, el día 18 de octubre, al comenzar el asalto a la ciudad por las tropas insurrectas. Canducha era una joven de 18 años, piel blanca y cabello oscuro. Ella fue la primera mujer que ocupó el puesto de abanderada de una tropa revolucionaria en la historia de Cuba.

Tercera bandera

Fue confeccionada por la señorita Felicia Marcé Castellanos, en su propia casa, en la ciudad de Bayamo, la tarde del 22 de octubre; por encargo directo de Carlos Manuel de Céspedes, que la necesitaba para una ceremonia de bendición que se realizaría en la Iglesia Parroquial Mayor, en presencia de las autoridades eclesiásticas, civiles y militares, y de todo el pueblo bayamés. Céspedes quería que esta versión tuviera las medidas correctas, de acuerdo con las leyes de la heráldica, pues las dos anteriores no las tenían.

La enseña fue medida, cortada y cosida a máquina por la mencionada Felicia Marcé, con la ayuda del Coronel Carlos Manuel de Céspedes y Céspedes, hijo del jefe del levantamiento, quien llevó un compás para dibujar la estrella solitaria que se ubicaría en el centro del cuadro rojo. Esta última versión de la bandera cespediana medía 2 metros de largo por 1.50 metros de ancho, y fue la más perfecta de las tres. Felicia Marcé tenía 18 años de edad en ese entonces, y aunque no se cuenta con datos fidedignos acerca de su aspecto físico, cabe suponer que haya sido una mujer de la raza blanca.

Fuente

Archivos del Museo Casa Natal Carlos Manuel de Céspedes.