martes, abril 22, 2014

GELABERT, un cubano escultor olvidado.

Retrato del escultor, realizado en 1961 por E. Valderrama. 
   (colección de la familia)


Aún cuando hasta los neófitos pueden repetir de memoria  los nombres de Víctor Manuel, Abela, Carlos Enríquez, Amelia Peláez o René Portocarrero y hasta diferenciar, acaso, frente a sus excepcionales lienzos ese rasgo singular que los individualiza; difícilmente conocemos a un poblador común de esta isla que reconozca el nombre de Juan José Sicre tras el Martí que preside las multitudinarias marchas, que pueda asociar al talento de un Teodoro Ramos Blanco tras la majestuosa “Maternidad” que corona el imponente Hospital de Marianao, o identifique a Florencio Gelabert en la esbelta figura que expande su gracia frente a la Terminal de Ómnibus en la céntrica avenida de Rancho Boyeros. Numerosos son los artistas plásticos de este país que el tiempo borró su memoria. Recordemos mediante una muestra homenaje a Florencio Gelabert.

Hijo natal de Caibarién, Gelaber comienza su carrera artística en la Banda Municipal de Concierto de este municipio, donde tocaba el trombón, hasta que en 1928 le otorgaron la beca en la Academia de San Alejandro. Cursando estudios en la escuela, viajó por Bélgica, Italia, Francia, esto permitió una superación en su carrera profesional con la mezcla de raíces de otro continente. Entre 1959 y 1962, ya terminado los estudios, el ministro de Educación Armando Hart, lo nombró director de la Academia. En su labor docente, aportó su liberado concepto del arte, donde el ritmo, la síntesis, la comprensión de la luz y el espacio como medios expresivos, aproximaron la escultura cubana a la modernidad.

Florencio desde el ejercicio ejemplar de la pedagogía artística  se interesó por el tratamiento dinámico de la luz y del espacio como elementos expresivos esenciales; procuró  imprimir movimiento y vida a la forma escultóricas y comenzó a combinar masas y volúmenes con un sentido rítmico que enaltecía la simplicidad y la síntesis como rasgos fundamentales de lo que, más tarde, la mejor crítica especializada de Cuba, en la persona del profesor y crítico de arte Luis de Soto, denominó con acierto  "racionalismo escultórico".

Fue un perfecto retratista que colmó con creces la traslación cuidadosa de los rasgos fisonómicos de sus modelos para penetrar en las honduras psicológicas del carácter y la personalidad de los mismos. Su verdadera dimensión vanguardista la alcanzó, sin embargo, con las tallas en madera.

Toda la vida de este maestro está saturada de exposiciones personales y colectivas, concursos y emplazamientos de obras en lugares públicos. Realiza algunos monumentos y esculturas para diversas instituciones oficiales y privadas, como el erigido en La Habana al general Quintín Banderas y las decoraciones del Hotel Habana Riviera; El Caballito de Mar, La Ninfa; el Tiburón y otro conjunto escultórico en bronce, frente a la entrada del cabaret de dicho hotel. Ejecuta también la fuente del Hotel Atlantic y el mural de la heladería de Santa Catalina.

En 1957 organiza  su sexta exposición personal en los Salones del Palacio de Bellas Artes de La Habana, ubicó seis  obras en el Hotel Habana Riviera y un busto de Maceo en el parque de Consolación del Sur, Pinar del Río. En 1960,  colocó la fuente La velocidad en los jardines de la Terminal de Ómnibus, una fuente y  otras cuatro obras en el Hotel Atlántico en la Playa Santa María del Mar. A la vez, realizó relieves, interiores y exteriores, así como una figura para la Agencia de Automóviles VW, en la Avenida de Rancho Boyeros.   En 1972, efectuó  su undécima exposición personal  en la sede de la Revista Bohemia y en 1975, la duodécima en los salones de Radio Liberación.

No olvidó por un momento la ciudad de Caibarién, obras como en la Avenida de Martí el busto, realizado en mármol, de José María Aguayo y a la entrada del pueblo el cangrejo Gigante, resaltan la vivencia de este escultor en su pueblo natal.
Reconocido con la Distinción por la Cultura Nacional y la Medalla Alejo Carpentier, Florencio Gelaber perpetúa como un maestro de la vanguardia escultórica cubana. Sólo los impíos o escépticos no recordarán su trabajo.  

Obras emplazadas en Cuba
  • Panel escultórico La familia (Arquitecto: Enrique Luis Varela), panteón general de los Veteranos de la Guerra de Independencia, Cementerio Cristóbal Colón, La Habana
  • Busto de la coronela María Escobar Lavedo, bronce, Parque Libertad, Caibarién, Las Villas, 1944
  • Busto de José Ma. Aguayo, Caibarién, Las Villas, 1948
  • Monumento a Quintín Bandera y Betancourt, bronce, Parque Trillo, La Habana, 1948-1953
  • Monumento funerario a José Joaquín Palma, Bayamo, Granma, 1951
  • Busto a Antonio Maceo, parque de Consolación del Sur, Pinar del Río, 1957
  • Conjunto escultórico, piedra artificial, Hotel Habana Riviera, La Habana, 1957
  • Fuente La Velocidad, piedra artificial, Estación de Ómnibus, La Habana, 1959
  • Fuente, jardines del Capitolio Nacional, La Habana, 1959
  • Conjunto escultórico, Hotel Atlántico, La Habana, 1960
  • Busto de Fructuoso Rodríguez, Facultad de Agronomía, Universidad de La Habana, La Habana, 1961
  • Cangrejo, Caibarién, Villa Clara, 1984
  • Panteón de la familia Valdés Díaz, Cementerio Cristóbal Colón, La Habana
  • Busto a la madre Consuelo, mármol, Escuela de las Oblatas, La Habana
  • Busto de Maceo, bronce, Jagüey Grande, Matanzas
  • Friso, Liceo de Caibarién, Santa Clara
  • Busto de Mr. Hanna, Avenida del Puerto, La Habana
Fuente:  amimanera blog y varios otros lugares de la red.

Algunas de sus obras.

 
Ritmo cubano.
Hotel Habana-Riviera.
 
 
El artista observa su obra en el céntrico Hotel Riviera .
 
Habana-Riviera.
 
Terminal de Ómnibus de La Habana, simboliza la velocidad.
 
El Rey de Marmol.
Monumento a Jose Raul Capablanca.
Cementerio de Colon.
 
El Cangrejo
Caibarién, Villa Clara, 1984