sábado, octubre 19, 2013

Pimpampun.

 
 
Las personas más creciditas podrán recordar una antigua película que protagonizó Sarita Montiel hace cerca de sesenta años, El último cuplé, en la cual ella interpretó una canción muy movidita, titulada Polichinela (palabra que surge del nombre de Paolo Cinelli, comediante napolitano del siglo XVI, y que significa: ‘Personaje de la farsa italiana y del teatro de marionetas, jorobado, de carácter chocarrero y fanfarrón’), que decía:

Alza catapún, catapún, pun candela,
alza p’arriba, polichinela...
Alza catapún, catapún, catapún,
como los muñecos en el pimpampum.

Quizás muchos de nosotros al oír aquella canción nos pudiéramos haber preguntado qué hacían “los muñecos en el pimpampum”. Me refiero a aquellos hoy más creciditos, pues entonces en casi todas las casas había un pimpampum, que ahora no los hacen ni los venden, y que era (y es) aquella cama individual plegable, que después de utilizarla para dormir se plegaba y no ocupaba espacio. Así es como se le llamaba, pimpampum, aunque en algunos otros lugares de Cuba también se le nombraba canapé, como en Cienfuegos. Años más tarde, ya en plena etapa revolucionaria, se popularizó un tipo de catre, esto es, una cama ligera para una sola persona, con lecho de tela, de lona, pero con armazón compuesta por dos largueros y varios pies, todos metálicos, que en nuestro país se le denominó canapé. Todavía deben quedar en uso alguno por ahí.

Estos nombres, pimpampum y canapé resultaban cubanismos para identificar a estas camas plegables, ya que en el español general lo que significan estas palabras es otra cosa. Sin embargo, ninguna de estas dos voces tiene registro alguno como acepciones de nuestra habla en el Diccionario del español de Cuba, de Gisela Cárdenas y Antonia María Tristá.
 
Tomado de la red.  No se su autor.