viernes, agosto 09, 2013

El Himno de Asturias fue compuesto por un cubano.


 
“Asturias patria querida” fue compuesta por un cubano.
 
 

El titular tiene mala maña, porque su autor era mulato. En aras a la verdad el titular correcto es: Asturias patria querida fue compuesta por el mulato Ignacio Piñeiro o bien: Un mulato cubano, hijo de un asturiano,  compuso en 1926 el himno de Asturias.

Para cualquier aficionado a la música el titular debería decir: Ignacio Piñeiro, pionero de la rumba y el son, compuso Asturias patria querida en 1926.

Incluso el aficionado a la música clásica (sección siglo XX) también tendría su titular. Ignacio Piñeiro, al que George Gershwin copió el motivo de Échale salsita en su Cuban Overture de 1932, compuso el himno de Asturias en 1926.

El himno de Asturias “Asturias patria querida” fue compuesto en  1926 por Ignacio Piñeiro, cubano, fundador del Septeto Nacional. Pionero del son y una de las personalidades sobre las que se asienta el nuevo lenguaje de la música latina.

Desde el punto de vista anglosajón, no hay duda, Piñeiro era tan negro como Bob Marley. Desde nuestra perspectiva (digamos…¿católica?) era mulato, su padre, Marcelino Rodríguez, era un asturiano de la zona de Grado.

La revelación sobre la autoría de la canción la realizó el folklorista Fernando de la Puente en 2006 en el III congreso mundial de Asturianía.

Hay que decir que De la Puente no alcanza a comprender la dimensión de la figura de Ignacio Piñeiro en la música cubana. Le interesa más la perspectiva asturiana que la cubana y eso provoca algunas omisiones que resulta preciso aclarar. También asegura que la melodía procede de Polonia que llegó a Asturias de la mano de mineros polacos de la zona de Silesia.

De la Puente asegura que el himno nació en 1926 en La Habana, que Ignacio Piñeiro la presentaba en sus actuaciones en la Habana. En una época  en la que su padre regresó a España. Esa primera versión, que no fue grabada por Piñeiro, parece la génesis del actual himno asturiano:

Asturias, Patria querida,
Asturias de mis amores;
¡quién estuviera en Asturias
en todas las ocasiones!
Tengo de subir al árbol,
tengo de coger la flor,
y dársela a mi morena
que la ponga en el balcón,
Que la ponga en el balcón,
que la deje de poner,
tengo de subir al árbol
y la flor he de coger.

Piñeiro viajó a España en 1929 con su grupo, el Septeto Nacional, para actuar en la Expo Iberoamericana de Sevilla. Intenta visitar a su padre, pero descubre que ha muerto, entonces hace una nueva letra después de cruzar Asturias “y tocar en Oviedo, Cangas de Narcea y Grado” según Fernando de la Puente.

En Madrid el 3 de octubre graba la segunda versión del “Asturias patria querida” se trata de una versión en clave de son con una letra tirando a cursi:

“Alma sensible,
Casta pureza,
Todo es Amor,
Es la mujer asturiana,
Con su cáliz de dulzura,
De la grandiosa natura,
La hizo dueña de amor,
Con la ternura,
con la virtud,
De diosa.
Estribillo:
Asturias patria querida,
A ti consagro mi vida”.

Según el folklorista en esta segunda versión ya conoce Asturias y es un canto de tristeza por la muerte de su padre. Es un son que no tiene relación ni en la melodía ni en la letra con la que todos conocemos, sólo coincide en el verso “Asturias patria querida”. Ésta será la versión que queda registrada en la Habana en 1930, la misma que había grabado en Madrid.

Sin embargo, la canción original había vuelto a Asturias gracias a los emigrantes. Parece que es esa canción original la que da lugar a la versión revolucionaria (en la que unos versos son sustituidos por otros) que cantan los mineros asturianos durante la revolución de 1934 (que fue duramente represariada por Franco).

Asturias, tierra bravía,
Asturias, de luchadores;
no hay otra como mi Asturias
para las revoluciones.

Tengo que bajar a Oviedo
empuñando mi fusil
y morirme disparando
contra la guardia civil;
Contra la guardia civil
y los cobardes de Asalto;
tengo que bajar a Oviedo
y morirme disparando.
Los obreros, en Asturias,
demostraron su heroísmo
venciendo a la clerigalla
y al feroz capitalismo

Asturias, tierra bravía,
Asturias, de luchadores;
no hay otra como mi Asturias
para las revoluciones.

Los de Lerroux y la CEDA
son los verdugos de España,
los que roban las conquistas
del obrero que trabaja

La canción original pasa a la clandestinidad y a las tabernas. Fue rescatada en 1958 cuando Dionisio de la Huerta exhortó a los asistentes a la fiesta del descenso del Sella “a cantar con toda el alma el “Asturias patria querida””. En 1984 la composición de Piñeiro se convierte en el himno de Asturias sin autoría conocida.

Próximo capítulo: ¡exclusiva! Asturias patria querida es un guaguancó.
Donde se explica cómo Ignacio Piñeiro es uno de los grandes creadores de la música negra universal y cómo Asturias patria querida tiene forma de guaguancó.


Ignacio Piñeiro es el autor de “Asturias Patria querida” (segunda parte)

Ignacio Piñeiro (La Habana 1888-1969) nació en el barrio de Jesús María, era un niño cuando su familia cambia al barrio de Pueblo Nuevo. En ambos casos son barrios de negros en los que han crecido grandes rumberos.

Apuntes sociológicos sobre los negros en Cuba.

La cultura negra en Cuba se transmite generación a generación gracias a los Cabildos (sociedades de apoyo mutuo que, en teoría, servían de punto de encuentro y ayuda entre los descendientes de esclavos del mismo origen y/o lengua). Los Cabildos de los que ha quedado memoria escrita se legalizaron en la época de “tiempo España” (es decir anterior a la independencia de 1898). Y su función visible era la de organizar las comparsas de carnaval (como se sabe en el tiempo de la colonia, la festividad de reyes se consagró la tradición de que los esclavos desfilaran con sus cantos y sus tambores).

La otra organización que era posible encontrar en un barrio negro era la de los abakuás (también llamados ñáñigos) y eran sociedades secretas exclusivamente masculinas que llegaron a dominar sectores como los estibadores del puerto de La Habana. Ignacio Piñeiro se hizo ñáñigo desde muy joven. Eso significa que recibió la memoria de determinados toques percusivos que habían viajado desde África y se habían mantenido en Cuba de modo que algunas tradiciones llegan de Africa y son modificadas en Cuba.

Sin embargo dificilmente encontraremos en Africa la variedad rítmica presente en Cuba. Sabemos que Africa fue esquilmada por la esclavitud. Supongamos que en una aldea existian uno o varios griots (especialiados en cantar las historias de la tribu) y varios intérpretes de tambor) si tras su secuestro y envio al nuevo mundo eran conducidos a:

1) Las colonias protestantes (anglosajonas) fueron despojados de sus instrumentos musicales, su lengua, sus dioses y cualquier tipo de creencia. Tabla rasa. Cuando se les dejó cantar en la iglesia fue en inglés y a un nuevo Dios.

2) Las colonias católicas (españolas y portuguesas). El maltrato, la mortalidad y la explotación eran similiares y tan infames como en el  caso anglosajón. Pero el empeño de los clérigos en convertirles a la verdadera religión hizo que, para explicar a Dios, a la Virgen y a todos los santos buscaran en la memoria de aquellos desdichados que aún no conocían el monoteismo (excepción hecha de los que habían sido islamizados).

Los misioneros predicaban la existencia de un sólo Dios verdadero pero se encontraron con seres politeistas que encontraron en la abundancia de virgenes y santos, el refugio perfecto para sus creencias y con ellas sus cantos y sus bailes. Construyeron nuevos tambores, las congas o tumbadoras nacieron a semejanza de los toneles de vino y los bongoés de los recipientes de aceitunas. El que desfilaran la fiesta de reyes con sus instrumentos permitió su reconstrucción cultural y establecer una pauta de adaptación frente a una situación agresiva. Ser negro en Cuba en el siglo XIX significaba que tú o tus padres había sido secuestrados, esclavizados. Algunos se habían echado al monte como cimarrones. Cuando llegó el final de la esclavitud y la independencia de Cuba, las cosas no mejoraron. Los primeros negros que se subieron al escenario en teatros y zarzuelas hacían papeles cómicos pero llevaron algunos de sus ritmos a las partituras y muchos participaron activamente en la guerra de independencia contra España.

Ignacio Piñeiro era hijo de un asturiano pero a los efectos sociales era negro por parte de madre e, indiscutiblemente, por su entorno cultural.

Piñeiro comienza a cantar en coros infantiles de su barrio, en 1906 se integra en el coro Timbre de Oro que evolucionó hacia un coro de guaguancó. Según apunta Cristóbal Díaz Ayala, el gobierno cubano prohibió los tambores africanos en los primeros años de independencia, de ahí que la organización de coros de rumba en los primeros años del siglo XX  ha dejado una tradición coral que no ha impedido que la buena sociedad (la defensora de las buenas costumbres considerara, los ritmos negros como indeseables y sus bailes y costumbres chabacanas). Sin embargo el nacimiento del jazz en Nueva Orleans y el viaje del son de Oriente hasta la Habana subirá a los negros a los escenarios, primero para la gente de su raza, más tarde para el que pudiera pagarlo.

Los ¿felices años 20?

En la Habana florece el son. La compañía Victor contrata al Sexteto Habanero y, su competidora, la Columbia contrata al Sexteto Occidente de Maria Teresa Vera, la trovadora urge a Ignacio Piñeiro para que aprenda a tocar el contrabajo para las grabaciones que tienen lugar en Nueva York. Son tiempos de adaptación, el son ha llegado a La Habana pero aún es música de negros, para negros, como la rumba. Recuerden que Antonio Machín es el primer artista negro en actuar en el Casino de la Habana en 1927. Así que cuando Ignacio Piñeiro compone la primera versión de “Asturias Patria querida” en 1926 es probable que lo hiciera en clave de rumba. Aunque no hay testimonios directos.