martes, abril 16, 2013

Quién fue la “Damisela encantadora”?


 

Quién fue la “Damisela encantadora”?
Por Lionel Rodríguez de la Torre.

Quienes conocen la buena música cubana han escuchado “Damisela Encantadora”, la bella canción central de la zarzuela “Lola Cruz” del maestro Ernesto Lecuona.

Pero tal vez pocos sepan que Lola Cruz fué una mujer que realmente existió, una encantadora damisela que vivía en Matanzas, Cuba, atrajo a muchos galanes locales y externos y finalmente se casó con uno de los hombres más ricos de su época. En la obra de Lecuona, la historia de Lola Cruz en el siglo XIX transcurre entre valses y canciones. En la vida real ella nació pobre, vivió en el lujo y murió en bancarrota. El pentagrama la inmortalizó.
 
Lola Cruz nació en Matanzas de una pobre familia. Cuando llegó a la adolescencia era tan bella que desde la ciudad y varios lugares de Cuba (dicen que hasta del extranjero) le llegaban hombres tratando de conquistarla. Su atracción la extendió más allá de su humilde origen.
 
Como era costumbre de la época, las clases  competían en dos bandos, el “Azul” y el “Punzó” disputándose cintas y trofeos en verbenas, juegos, bailes, competencias. En 1857 el Bando Punzó (rojo) eligió como Reina a Lola Cruz y los azules escogieron a la también bella Juanita Páez a quien se concedió el honor de prender la llama azul de la primera planta de gas puesta en servicio para el alumbrado público en la “Atenas de Cuba”. En su zarzuela , el maestro Lecuona recrea una de las fiestas de la época y en una escena Lola canta “Damisela Encantadora” y Juanita interpreta “Vals Azul”.
 
Finalmente Lola se casó con José María de Ximeno, hijo de una de las familias más acaudaladas de Matanzas, entonces potencia azucarera y portuaria. Los Ximeno vivían en una lujosa y enorme mansión de dos pisos a un costado de la Iglesia Catedral y allí se hizo la fiesta nupcial tras el enlace religioso.  Lola lució un traje de encajes y bordados  hecho por su abuela pero no quiso usar joyas. La pareja salió en volanta para pasar la luna de miel en el ingenio azucarero “Jesús María” (propiedad familiar) cerca del poblado de Camarioca. Retornaron a Matanzas para vivir en el palacete que por encargo de la familia un arquitecto norteamericano construyó para ellos en la calle Gelabert, (después  Milanés) # 16 cerca de la Magdalena y el Palacio de Junco. Tenía una monumental puerta de entrada y la salida era por un piso inferior que daba frente a la calle Contreras (Byrne) cerca del callejón de Madam, donde estaban la cochera, habitaciones de sirvientes, cocina, almacenes y un mini-teatro. Un enorme laurel importado de la India crecía al centro del patio y de sus ramas colgaban jaulas con canoras aves y saltarines monos. Por la azotea se paseaban pavos reales. En el primer piso había un enorme comedor con paredes de cobre repujado. Podía acomodar hasta a 60 perssonas, los alimentos llegaban  por un ingenioso torno que los subía desde la cocina en el piso inferior. Casi todo lo que allí se consumía procedía de las fincas de la familia en las lomas de La Cumbre y el Valle del Yumurí.
 
Los tiempos cambiaron y llegó la Recesión. La Revolución Industrial se llevó muchos de aquellos “cachimbos” e ingenitos azucareros movidos por esclavos. La Guerra de Independencia arrasó los cañaverales  en medio de cambios internacionales. El primer ferrocarril llegó a Matanzas uniéndola con La Habana que conquistó la supremacía portuaria. La ruina tocó a los esposos Lola-Ximeno y para colmo, un huracán casi destruyó su palacio. Don Ximeno murió poco después. Lola Cruz tuvo que vender poco a poco muebles, ropas, libros, prendas, lo que le quedaba. Finalmente regresó a la modesta casa de sus padres.