sábado, noviembre 24, 2012

METAMORFOSIS. Poema.



METAMORFOSIS
Mucho ha cambiado el cubano,
los que al principio arribamos
buscábamos libertad,
huyendo de un cruel tirano.
No podíamos volver,
considerados gusanos
peligraban nuestras vidas,
verdaderos exilados.
Penurias muchas pasamos,
difícil fue el adaptarnos
al idioma y la cultura,
pero al final, lo logramos.
Al principio desconfiados
por el pueblo americano,
con nuestro esfuerzo y trabajo,
su confianza, al fin ganamos.
Notable contribución
a este gran pueblo aportamos,
dejando en alto sentada
nuestra estirpe de cubanos.
Pasan y pasan los años,
llegan nuevos expatriados,
ya no de corte político
son simplemente emigrados.
Pueden a Cuba volver
sin temores al regaño,
a familiares y amigos
llevan dinero y regalos.
Luce poco preocuparles
el cruel sistema tiránico,
que mantiene a nuestro pueblo
a las cadenas atado.
Reciben de este país
beneficios, no ganados,
costeados con el tributo
de los que aquí trabajamos.
Marcada metamorfosis
la que ha sufrido el cubano,
de exilado a emigrado,
metamorfosis lograda
con el pasar de los años.
Cástulo Gregorisch
11/17/12

lunes, noviembre 19, 2012

Faro de Lucresia, Holguin. Historia.

 
Cuba ocupó siempre una posición estratégica en el Mar Caribe en cuanto a la navegación siendo casi punto de llegada y punto de partida de todas las naves de los siglos pasados que iban o venían de Europa. Debido a que hoy la principal actividad de la isla es el turismo, muchos han redescubierto los viejos faros y los han incluido en las guía turísticas, y lo cierto es que la isla cuenta con bastantes de estos añejos ejemplares.

Uno de ellos es el Faro de Punta o Cabo Lucrecia, ubicado en Holguín. Se trata de una construcción de 1868 que está ubicada precisamente en el extremo oriental de Playa Larga, el extremo mas saliente entre la bahía de Nipe y el puerto de Narano. Es un sitio de costas bajas y rodeado de peligrosos arrecifes, en una palabra un sitio peligroso para los barcos de calado escaso, así que era urgente la necesidad de un faro.

Fue construido en parte por presos debido a que la escasez de mano de obra y el sitio de edificación eran extremos. Pero bien, que todavía hoy se alza con su escalera caracol de 168 escalones, 33 de piedra caliza y 135 de hierro fundido y una cámara de iluminación donde hoy se ha instalado un equipo moderno que permite ver su luz desde unas 4 millas, mas del doble del diseño original. Fue difícil y ardua su construcción pues la madera se traía de montes que estaban a 10km, las herramientas y herrajes se traían de pueblos vecinos y el agua desde una distancia de 9km.

La primera piedra se puso en 1861 y el 10 de octubre de 1868 se prendió por primera vez su luz. A su alrededor el visitante de hoy en día todavía puede ver restos de cantera, hornos de cal y demás. En su interior hay un patio con un aljibe y una habitación con documentos, fotos y objetos relacionados con la construcción del Faro de Punta Lucrecia.

 
 
 
 
 
 

jueves, noviembre 15, 2012

15 de Noviembre, la vuelta a la ceiba, Habana.

 
Cada 15 de noviembre la ciudad antigua es testigo de una de las más arraigadas tradiciones habaneras. La peregrinación al sitio fundacional de la villa de San Cristóbal de La Habana.  Cientos de habaneros rondan en silencio la ceiba del Templete para solicitarle al santo patrón el cumplimiento de tres deseos.
 
 
 
 

miércoles, noviembre 14, 2012

La Manzana de Gomez, Habana.

 
Habana 1899-1903 -  Manzana de Gomez
 
Policia de trafico junto a la Manzana de Gomez. 1950s
 
 
 
Don Julián de Zulueta construyó esta obra hasta el primer piso, de acuerdo con el proyecto del renombrado arquitecto Don Pedro Tomé y Veracruisse, con la finalidad de dedicarlo a comercios. Situada entre las calles Zulueta, Monserrate, Neptuno y O'Reilly fue comenzada en 1890. Al edificio se le hizo un gran sótano aprovechando parte de los fosos de la Muralla y se le prepararon cimientos para recibir varias plantas más. Sin terminar el trabajo, el edificio se le vendió a Don Andrés Gómez Mena, quien lo acabó completo hasta la primera planta y le construyó en los altos dos teatros, el Politeama Grande y el Politeama Pequeño, que tuvieron efímera existencia.
 
Entre 1916 y 1918, en plenas "Vacas Gordas" decidieron ampliar el edificio y levantaron cuatro pisos adicionales sobre la planta baja original y se le instalaron 8 ascensores, 2 por cada calle. La Manzana de Gómez se distingue por sus cómodos pasajes interiores que lo cruzan en diagonal y se dedicaban en la planta baja a comercios y en los altos a oficinas de abogados, notarios, empresarios, médicos y otros. En este edificio se hicieron 560 departamentos y se calculaba que por sus pasillos y portales circulaba diariamente una población flotante de 25 mil personas. La Manzana rentaba a Gómez Mena unos mil pesos diarios.


Interior de la Manzana de Gomez.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
El primer complejo comercial habanero que quiso parecerse a los que ya existían en grandes ciudades del exterior, se construyó dentro de la urbanización de Las Murallas, en la Calzada de Monte entre Prado y Zulueta, en 1873. Era un modesto conjunto de 12 establecimientos porticados de una sola planta, unidos por un frente común con esquinas en las calles mencionadas. Unos 20 años más tarde se construiría en La Habana el segundo edificio comercial o bazar.

Contó con una distribución más moderna que el de Monte, pero al igual que en este, las tiendas o locales que lo integraron conservaron su independencia. Ese edificio es la Manzana de Gómez y fue, dicen especialistas, uno de los sitios que ejerció mayor atracción —un verdadero punto de gravitación del centro urbano— a medio camino entre la trayectoria de las calles comerciales de Obispo y O’Reilly y la de San Rafael. Al ser dotada de luz eléctrica a fines del siglo XIX se hizo más notable aún por su actividad nocturna.
 
 
 
 
 

martes, noviembre 13, 2012

Los Logros de la Revolucion !!

 
Los Logros de la Revolucion !!
Martes, Noviembre 13, 2012
Por Alejandro Tur Valladares
CIENFUEGOS, Cuba, noviembre
 
-Nadie pudo profetizar que en Cuba, los coches tirados por caballos estarían de regreso en pleno siglo XXI, no como curiosidad histórica, sino como alternativa de inevitable aplicación.
Luego de miles de años en uso, esta forma de locomoción fue declinando hasta ceder el paso, al parecer definitivamente, a las máquinas de vapor, eléctricas y de combustión.
Los coches tirados por caballos fueron desapareciendo, primero, de las grandes urbes, y de las rurales, con posterioridad. Adentrándonos en el siglo XX, se fue haciendo difícil ver a los equinos tirando de alguna diligencia, calesa, quitrín, o simple carreta. Nuestras calles perdieron el eco de los herrados cascos y comenzaron ahuecarse por el peso de automóviles, guaguas y camiones.
Durante los años 90, con el arribo del llamado “Periodo Especial”, a algún iluminado del castrismo se le ocurrió, ante la falta de combustible y de piezas de repuesto para ómnibus, la “revolucionaria” idea de fomentar el traslado poblacional por medio de coches tirados por caballos. Desde entonces, los cocheros han venido sacándole las castañas del fuego al ministro de transporte de turno.
Poco a poco, fueron apareciendo, traídos de los campos más remotos, caballos moros, alazanes, o caretos, grandes y pequeños, sanguíneos o flemáticos. Y junto a ellos, un ejército de improvisados cocheros, que sin más maña que el afán por ganarse el sustento, amaestraban a las desdichadas bestias, la mayoría de las veces a golpes de garrote o chasqueando látigos de desflecado cuero.
Conozco de alguien que, allá por el año 1993, sintió el llamado, no de Dios, sino de la barriga, y quiso probar. Vendió su motocicleta soviética, marca Bejovina, y con el dinero de la transacción adquirió un penco y un coche. Nunca logró un estatus de cochero legal, la respuesta que siempre le daban era: “se encuentra retenida la emisión de patentes”. Su condición de paria le impedía bregar por las rutas más concurridas de la ciudad de Cienfuegos, así que el costo del herraje, la hierba, los piensos y mieles para la calórica dieta del rocinante, así como el gasto en medicinas y veterinario, le hicieron fracasar.
La experiencia de mi amigo no es excepcional. A diario, recorren nuestras calles cocheros clandestinos, hacedores de los trucos más creativos, en busca de burlar a esa leyenda negra que en la Isla llaman “inspectores integrales”.
El inspector es una suerte de funcionario robotizado, con delirios de policía, generalmente un ser abyecto e insensible. Aunque su función es velar porque se cumplan las reglas del juego que imponen disímiles entidades a los cocheros, la verdad es que sólo sirven para hostigar, extorsinar y lucrar con el esfuerzo ajeno. Cochear ilegalmente supone enfrentarlos, exponerse a ser penado con severas multas o al decomiso del coche y el animal.
Por estos días, en Cienfuegos, ciudad donde resido, fuerzas combinadas de la Policía Nacional Revolucionaria, Inspectores integrales y funcionarios de la oficina del Registro Pecuario, están imbuidos en un mega operativo dirigido a “confrontar la actividad del cocheo illegal”. Desde ya, les auguro una batalla perdida. Los cocheros cienfuegueros están muy bien entrenados en tácticas de resistencia, conforman una suerte de hermandad cuyo denominador común que les une es la necesidad.