miércoles, junio 13, 2012

LA giraldilla. Una leyenda que habla de amor.



Cuenta la tradición que doña Isabel del Bobadilla esperaba a su esposo, Hernando de Soto, durante largas horas por años enteros, en la torre de vigía (la atalaya) del Castillo de la Real Fuerza, que por aquel entonces era vivienda del gobernador de Cuba. Aquella larga espera convirtió a Isabel en un personaje legendario, que oteaba el horizonte e intentaba descubrir, más allá del alcance de su vista, las naves que traerían a su esposo de regreso al hogar. Dicen que la enamorada murió, finalmente, de amor. Unos años más tarde un artista habanero de origen canarioorigen canario, Gerónimo Martín Pinzón (1607-1649), -a quien define el restaurador y arquitecto don Joaquín Weiis, en su obra La Arquitectura Colonial en Cuba como artífice, fundidor y escultor-, se inspiró en aquella mujer que era un símbolo de la fidelidad conyugal y la esperanza y esculpió una figura en su recuerdo. El gobernador de la ciudad don Juan Bitrián Viamonte, cuyo mandato abarcó desde 1630 al 34, mandó a fundir la escultura en bronce y colocarla, a modo de veleta, sobre la torre añadida poco tiempo después al castillo. El gobernador Bitrán bautizó la veleta con el nombre de Giraldilla, en recuerdo de la Giralda de su ciudad natal, Sevilla. Así, la Giraldilla se fue convirtiendo en el símbolo de la ciudad de La Habana, por tradición y por su historia, con matices de leyenda y de historia de amor.
 
La figulina que se yergue en lo alto de la Real Fuerza:

En la torrecilla cilíndrica que sirve de vigía y que se construyó en el extremo del baluarte Noroeste, se alza contra viento, lluvia y sol, una estilizada figulina que actualmente no es la original, sino una copia realizada con gran rigor estético, pues la verdadera Giraldilla se conserva en el Museo de la Ciudad, para preservarla de los rigores de agentes externos que llegarían a destruirla. En la escultura aparece el nombre del gobernador que ordenó se fundiera en bronce. La figura es la de una bella muchacha vestida a la usanza del renacimiento español y con la Cruz de Calatrava en una de sus manos que, según palabras del doctor Manuel Pérez Beato, en su obra Rectificaciones históricas, editada en La Habana, en 1943,
    " ... representa la Victoria, portando en su brazo derecho una palma, de la que solo conserva el tronco y, en la izquierda, en un asta, la Real Cruz de Calatrava, de cuya orden era caballero Bitrián de Viamonte; en la parte inferior del asta se ven las grapas que sujetaban la banderola que servía para dar dirección al conjunto por la acción del viento y que perdió durante algún huracán de los muchos que debe haber visto ...".
Podría añadirse que la escultura representa una mujer de pie, con ciento diez centímetros de altura, que presenta la falda recogida sobre una de sus rodillas, lo cual se aprecia admirablemente, hasta en los dobleces de la tela. Y sobre el pecho ostenta un medallón con el nombre del escultor y una corona en la cabeza. En La Giraldilla se observan rasgos que evocan las facciones de la mujer española, por lo cual se considera una representación genuina de una ciudad tan espiritualmente española como lo es La Habana. La verdad es que aún su silueta se recorta en lo alto de la fortaleza contra el azul del cielo, y su bronce resplandece con destellos dorados, casi áureos, bajo el sol. Y tal parece que otea el horizonte, sin fatigarse, por el paso de cuatro siglos, en espera de aquél que vendría cargado con el fluido mágico de una fuente fantástica, mientras ella contrinúa marcando la dirección de los vientos. (Mario Martí)





1577. Castillo de la Real Fuerza.
Arquitectos Bartolomé Sánchez y Francisco Colona.


Estatua y Campana originales se conservan
 Museo de los Capitanes Generales.