miércoles, abril 04, 2012

Profanacion en el Cementerio de Ceiba del agua, Artemisa. Pinar del Rio.

Por Saimi Reyes Carmona.

Sucedió del día 30 para el 31 de enero, en la madrugada. Alguien, (o "alguienes"), abrió casi sesenta osarios, donde reposaban innumerables personas y dejó los restos afuera, en sus bolsas o cajas, regados por todo el camposanto. La persona que debió hacer guardia esa noche vive frente al cementerio y, como “allí nunca ocurre nada" se fue a dormir. Ni un solo bombillo o una lámpara iluminaban el lugar.

Nadie, ni uno solo de los vecinos escuchó nada, por lo que es fácil deducir que eran muchos, un hombre solo está descontado, y dos son muy pocos para tanto desbarajuste.

El pueblo entero amaneció el día 31 en la estrecha callecita, última de Ceiba. Llantos de todas las esquinas se escuchaban y es comprensible, ¿cómo se puede jugar de esa manera tan cruel con los sentimientos de los familiares que esperan que sus seres queridos reposen en paz, que van al lugar donde están enterrado sus restos para reverenciarlos y extrañarlos? De todos lados llegan las personas, todos los que se enteraron de que sucedió eso en Ceiba y tenían allí a sus parientes.

La policía forense llegó y acordonó todo el perímetro y un oficial del Ministerio del Interior explicó a los presentes que estaban esperando al antropólogo. Los amigos de un fallecido que a esas horas estaba siendo velado en la funeraria local se tuvieron que quedar con las ganas de despedirse, pues solo dejaron entrar a la familia cercana, mientras que algunos, para ver por el alto muro pasaban encima de un camión lentamente, una y otra vez, para comprobar si las bóvedas de su familia estaban abiertas, temerosos de nunca más volver a estar seguros de que quien descanse en las tumbas sean aquellos a quienes conocieron.

Las posibles explicaciones llegan con la especulación. No puede haber sido para uso religioso. Quienes saquean las tumbas lo hacen imperceptiblemente y es posible que en un osario nunca se descubra si falta algún hueso. Además, un hecho parece ser evidente, aunque no se haya probado: no falta nada, ningún hueso, ninguna bolsa, nada.

Se escucharon las palabras de una muchacha muy joven, y lloraba todo el tiempo: “¿habrán abierto la de pipo?"

Quien lo hizo jugó con los sentimientos de muchos, posiblemente sin remordimiento, y de eso habla la botella de ron vacía que encontraron los investigadores cerca del muro.

No sé los motivos que tuvieron, pero estoy convencida de que ninguna razón explica tal acto de perversidad, y también estoy convencida de que si encuentran a los culpables deben ser castigados por la justicia, no valdrán excusas, porque no me parece que sea un juego, ni que a ninguno de los dolidos los parezca broma.