lunes, abril 23, 2012

Escalinata de Padre Pico. Historia.



Calle Pico en 1939.


Vista de la Calle Padre Pico desde la escalinata.


Escalinata de Padre Pico. Emplazada en la antigua Loma de Corvacho, llamada así por el apellido de un bodeguero que tenía su negocio en la esquina próxima. La escalinata fue construida por mandato del alcalde de la ciudad Emilio Bacardí y Moreau quien declinando el honor de que esta obra recibiera su nombre determinó dedicarla a quien fuera Dean de la Catedral, el Doctor Bernardo Antonio del Pico y Redín, por su vida ejemplar y el amor que tenía a sus feligreses y pueblo en general. Hoy, la escalinata de Padre Pico, junto a las otras, brinda a quien las sube un cansancio placentero y una vista inigualable con el aquel de haber transitado por algo tan genuinamente santiaguero. Así son las escalinatas de Santiago.

La escalinata de la calle Padre Pico sobre sale sobre el resto de sus similares pues sus 52 escalones (agrupados en trece bloques de cuatro peldaños cada uno, y doce bases de descanso), han sido testigos de trascendentales hechos históricos, “Se dice, con razón, que cada uno de los peldaños de Padre Pico puede contar una vivencia diferente. En la intersección de Padre Pico y Santa Rita, fue velado el cadáver del patriota Carlos Manuel de Céspedes, quien en 1868 inició la Guerra de Independencia (que en esa etapa duró diez años).

Este segmento de la urbe santiaguera, antes de adquirir sus peculiares escalones, existió bajo diversas denominaciones (Loma de Boca Hueca, Cuesta de Amoedo, Loma de Piedra y Calle de los Leganitos), aunque las que más tiempo sobrevivieron en la memoria popular fue la de Loma del Corvacho, nombre que tomara, tal y como menciona el artículo de Hernández Planas, del apellido del español Juan Corvacho, quien abriera una tienda de víveres en la esquina de Santa Lucía y la antigua Calle del Hospital; y el nombre actual de Escalinata de Padre Pico.

La calle Padre Pico no es la única de estas curiosas calles la ciudad. En total, las calles-escalinatas sobrepasan la quincena, algunas no tan glamorosas como Padre Pico o algunas del centro histórico de la ciudad, pero igual de empinadas, dos de ellas enlazan dos entrecalles con la carretera Central.

Símbolos de una urbe de por sí simbólica. El santiaguero agradece, en el desandar por su Santiago, la existencia de estas calles escalonadas, que alivian el ascenso por las empinadas cuestas de la “anatomía” de esta urbe oriental y, orgulloso, desde su último escalón otea con beneplácito la ciudad que se extiende en el horizonte.


Bernardo Antonio del Pico y Redín.

Nació en Santiago de Cuba el 20 de agosto de 1726 y fue bautizado en la Santa Iglesia Catedral nueve días después. La posición holgada de su familia le permitió darle al pequeño una educación muy cuidadosa que lo inclinó, desde muy temprana edad, a abrazar la carrera eclesiástica, la cual estudió en el Colegio Seminario San Basilio el Magno.
Joven aún, dados sus merecimientos e inteligencia, ocupó cargos de responsabilidad en la Iglesia Católica, como son los de Consultor de Santo Oficio, Cura Rector de la Iglesia de Santo Tomás Apóstol, Prebendado Racionero, Promotor Fiscal, Vicario Episcopal, Provisor y Vicario y Dean del Cabildo, este último, cargo con que fue distinguido por recomendación del Obispo y nombramiento del Rey.
Del Pico y Redín fue reconocido por su labor altruista y sus obras de “caridad y progreso”, siendo la más recordada la fundación de la Casa de Beneficencia. Se cuenta que días antes de su muerte, ante el temor de que “sus pobres” fueran abandonados, ratificó en la última voluntad de su testamento de fecha 10 de noviembre de 1813, que todos sus bienes fueran heredados por dicho establecimiento, como en efecto se hizo.
El Padre Pico falleció en esta ciudad y fue sepultado en la Iglesia Catedral, el 14 de noviembre de 1813.