viernes, marzo 30, 2012

Rio Almendares en viaje hacia el mar.



 Inmediatamente después de Calabazar lo más interesante es la zona de vento donde el río comienza su recorrido hacía el norte, en busca del mar. Ahí se encuentran manantiales de finísimas aguas dichas aguas se almacenan en la famosa Taza de Vento y es conducida después por gravedad a través de canales y de gruesa tubería hasta la ciudad. Este es el famoso Acu...educto de Albear, construido por el ingeniero Fransisoc de Albear y cuyas obras fueron terminadas definitivamente en 1893. El acueducto es una notable obra de Ingeniería Hidráulica. Impresiona sobre manera la solides y fortaleza de la construcción. El canal y los gruesos tubos conductores cruzan por debajo del río a través de un amplio túnel. Parte de la Habana aún se surte de está agua. Un poco más allá de Vento está Río Cristal un antiguo restaurante campestre construido en un viejo barracón de esclavos y que fue totalmente remozado y embellecido.

 En la zona de Loma de Tierra los vecinos al río le llaman Jicotea y en la región de Managua los vecinos de la localidad afirman que el río que se contempla era la Chorrera pues el Almendares "queda para allá", es decir en la Habana. Esto hace recordar que el nombre de Casiguaguas que eran como lo llamaban nuestros aborígenes, Alejandro de Humbolt en su obra "Ensayo Político sobre la Isla de Cuba" lo denomina "Río Almendares" o "Chorrera".

Ya al final de la desembocadura y como una antigua reliquia existe un fuertecillo que todos los habaneros conocen como la "Chorrera", fue construido en los tiempos del gobernador Álvaro de Luna por temor a un ataque de la escuadra Holandesa. El pequeño fuerte tiene 80 pies cuadrados de base y cuarenta de altura y en esa época estaba artillado con 11 cañones; seis podían disparar desde una altura de 20 pies y cinco lo hacían desde la parte de arriba. Está rodeado de un foso y se penetra en el a través de un puente levadizo su verdadero nombre es el de Santa Dorotea de Luna.
 

Al final de su viaje hacia el mar, el río es una gran belleza y se desliza suavemente. Es también la zona más urbanizada la ciudad lo ha ido abrazando armoniosamente en su crecimiento.

De aquel fuerte y caudaloso Chorrera como decían nuestros primeros cronistas queda el apacible y pintoresco Almendares cargado de la larga historia habanera. Ha sido a través del tiempo, como un mudo testigo de grandes cambios sociales, desde los duros días de la colonia y la esclavitud hasta el feliz presente.
 

En 1544 el gobernador de la Isla, Juan Dávila, pedía autorización al rey de España para llevar las aguas de La Chorrera hasta la naciente ciudad. Luego de 33 años se terminaba la Zanja Real, considerada el más antiguo acueducto de América Latina, aunque no es hasta 1592 que el ingeniero Juan Bautista de Antonelli, famoso constructor del Morro, completa la represa del Husillo para encauzar las aguas por esa zanja que abastecería a La Habana durante 243 años. Otros cuatro acueductos se sumarían para satisfacer las necesidades de expansión y desarrollo urbanos: el Fernando VII y el de Vento, construidos en 1835 y 1859 respectivamente; el del puente de Calabazar y la nombrada Nueva Taza de Vento, que empezó a prestar servicios en 1926.

Durante todo ese tiempo las márgenes del río fueron deforestadas para construir fábricas y embalses. Así, la industria que creció a su sombra, se convirtió en su sombra. La sociedad pagó al Almendares haciéndolo casi irrespirable. De sus márgenes se tomaron muestras de bambú para el bombillo incandescente de Edison, uno de los más trascendentales sucesos de la ciencia moderna.