sábado, marzo 24, 2012

LABORATORIOS CUBANOS HAN CREADO ESTE ENGENDRO DESASTRE ECOLOGICO.



Un grupo de cubanos con 2 Clarias gigantes, la imagen  fue tomada en el río Almendrares de la Habana. Estos son un invento de un cruce que se realizó en los laboratorios cubanos donde se mezcló el pez gato cubano con el pez tigre africano y el ha sido este engendro que se alimenta de ratones, y de cualquier cosa que se mueva dentro y fuera del agua, ya que puede moverse hasta tres kilómetros por tierra. El gobierno cubano lo hizo con el fin de poder crear una de alimentación rápida para la población pero se ha convertido en un desastre ecológico porque donde esta este pez termina con el resto de especies que los rodea, como ha estado pasando en los alrededores de las presas y ríos cubanos.

El pez gato o claria se ha convertido en una amenaza para el ecosistema cubano.La historia del pez gato caminador en Cuba hubiera deslumbrado a Jack Arnold, el artífice del filme El Monstruo de la Laguna Negra (1954). O tal vez sea Steven Spielberg quien termine cautivado por las terríficas aventuras de esta especie que vive en los estanques, presas y hasta conductos albañales de la isla.

Introducido en la isla para aumentar el consumo de proteínas de la población durante los años del llamado "período especial'', el pez gato o claria se ha convertido en pocos años en una poderosa amenaza para el ecosistema nacional.

El pez es originario de Asia y bajo su nombre se agrupan unas 2,000 especies extendidas por India, el sudeste asiático, Indonesia y el norte de Africa. Carnívora y altamente depredadora, la claria se cría en agua dulce y tiene capacidad para buscar alimentos fuera de sus estanques, deslizándose por tierra mediante fuertes sacudidas de la cola.

Su expansión incontrolada en Cuba durante la última década está provocando serios estragos en la fauna y vegetación acuáticas, el equilibrio ecológico y la vida doméstica. No sólo arrasa con tilapias y ranas, sino que también ataca a aves y ratones, y puede introducirse en cuevas subterráneas, alcantarillados y tuberías caseras.

"Considero que es la mayor amenaza para el ecosistema del país en este momento'', opinó el biólogo marino Guillermo García, residente en la isla. "Se comen las tilapias, se comen entre ellas mismas, las tencas, un pollo, una ranita, cualquier animal, cualquier cosa que se mueva fuera del control de los humanos''.

Toledo, un comunista fiel e integrante del Ministerio del Interior (MININT), asegura que la cría de estos peces en su estanque le ha permitido abastecer no sólo sus necesidades hogareñas, sino también saciar la demanda de comedores obreros y algunas pescaderías en el pueblo.

Sin embargo, las propias autoridades cubanas han dado ya la alarma sobre el pez gato caminador o clarias batrachus, que es la especie más conocida en la isla.

Según datos del Centro Nacional de Areas Protegidas, las clarias amenazan potencialmente en el medio natural a 242 especies de la fauna cubana, de las cuales 75 son endémicas, 29 raras o locales y 25 introducidas. Una de las zonas de mayor peligro es la Ciénaga de Zapata, reservorio natural cubano, donde se han capturado clarias con jicoteas y cocodrilos pequeños en su estómago.

El Ministerio de la Industria Pesquera (MIP) se vio obligado en el 2006 a emitir una resolución para fijar una estrategia de seguridad biológica en el país y "revertir episodios desfavorables como el de la claria o pez gato caminador''.

Las clarias han demostrado ser tan voraces como invasivas. Al parecer los problemas comenzaron cuando los primeros ejemplares en cautiverio escaparon de las pocetas y llegaron a ríos, lagunas y presas, así como a criaderos particulares. Las primeras fugas se originaron por las inundaciones de pocetas a consecuencia de las lluvias, pero también porque los alevines de pez gato se comercializaron en el mercado negro interno como una verdadera promesa alimentaria.

"Aquí se decía que era un alimento con mucha proteína, que los vietnamitas ganaron la guerra con la fuerza que les dio la carne de claria'', narró Filiberto Núnez, un mecánico de Jagüey Grande, en Matanzas.

Otras personas trataron de adaptarlo a sus peceras como una especie exótica ornamental. Las clarias más comunes miden entre 50 y 60 centímetros, con una aleta dorsal muy larga y ocho hilos de bigote sobre una boca de gran capacidad devoradora.

Hace dos años la prensa cubana reportó el caso de Humberto Navarro, un residente de Matanzas que se quejaba de una persistente tupición en las tuberías de su casa. Cuando Navarro pasó una cinta metálica por los tubos de desagüe, se encontró al causante del problema: un pez negrusco de cerca de tres libras que lo miraba chorreando lodo de fosa.

Algunos las pescan incluso en alcantarillas en plena calle.

"En Cuba la han bautizado como pez diablo'', escribió el periodista independiente Juan González Febles. "Los paleros [santeros] dicen que el animalito es africano y está consagrado a Eshu, el diablo en la Regla de Palo Mayombe''.

La invasión de las clarias transcurre fundamentalmente en la zona occidental y central del país, desde Pinar del Río hasta Sancti Spíritus. Se produce también en los muy contaminados ríos Almendares y Luyanó en La Habana.

"Es como una cloaca ambulante'', contó Pedro Díaz, un agricultor pinareño. "Se come lo mismo los huevos de los nidos o muerde a un puerco en un corral lleno de fango".

No obstante Cuba insiste en que la introducción controlada de la claria en la acuicultura nacional produce rendimientos productivos como los de ninguna otra especie. El pasado año una empresa acuicola en La Sierpe, provincia de Sancti Spiritus, reportó haber sembrado en abril 96,000 alevines de claria, con la obtención de 80,000 con talla comercial adecuada tan solo cuatro meses después.

La claria se utiliza mayormente para elaborar embutidos, perros calientes y chorizos en las industrias locales.

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