sábado, agosto 27, 2011

La Macorina.

Por: Josefina Ortega.
Es de imaginar la pasión desbordante que provocó en los hombres aquella mujer de impresionante belleza que, en La Habana de los inicios del siglo XX, se paseaba arrogante en un auto descapotable de color rojo, por Prado y Malecón, con la bufanda al cuello batida por el viento.

Y ya en el ocaso, perdidas su gracia y seducción, quien fuera “la hembra más celebrada de toda la ciudad”, no dudó en confesar a la prensa, con orgullo mal disimulado: “más de una docena de hombres permanecían rendidos a mis pies, anegados de dinero, y suplicantes de amor”.
Fue un verdadero escándalo en los años 20.
El primero y único amor
Personaje de leyenda, La Macorina nació en 1892 en el poblado de Guanajay, entonces provincia de Pinar del Río.
Su verdadero nombre era María Constancia Caraza Valdés.
De ella son estos recuerdos:
“La primavera en el campo embriaga. Yo tenía 15 años y la sentía en la piel, en los ojos, en el alma. La primavera me empujó a escapar de casa con un hombre que prometió amarme por siempre.
“Mis padres intentaron que regresara, pero seguí en La Habana con mi primer y único amor, aquel que recordaré hasta mi muerte.
“Él apenas podía garantizar nuestra seguridad económica. Un día apareció una mujer que dijo saber la forma en que podíamos vivir lujosamente. Yo accedí y con ese tremendo error comenzó una etapa de mi vida…”
Ya para entonces vivía en la calle Galiano, cerca del Malecón, y se hacía llamar María Calvo Nodarse.


María Calvo Nodarse nació en Guanajay en 1892 y cuando tenía 15 años se trasladó a escondidas de su familia a La Habana, “raptada” por su novio. La capital le ofrecía mucho a esta joven belleza de mujer que tenía las ideas claras de cómo quería vivir a partir de ese momento.

Cuando las estrecheces de la vida diaria entre las cuatro paredes de
un cuarto habanero se le hicieron insoportables, apartó al novio de su
vida y a los pocos meses empezó a hacerse notar entre los hombres que ostentaban una buena posición económica. No fue una prostituta en el sentido indiscriminado que conlleva esta profesión, ni tampoco trabajó en un burdel, sino que se prostituía selectivamente. Y comenzó su carrera rápida hacia la opulencia, según declaró en el más puro estilo folletinesco en una entrevista que le hizo Guillermo Villarronda para la revista Bohemia el 26 de octubre de 1958: “más de una docena de hombres permanecían rendidos a mis pies, anegados de dinero, suplicantes de amor”

Su época de esplendor fue bastante dilatada para este tipo de vida,
pues abarcó desde 1917 a 1934. Tuvo cuatro lujosas casas: en Calzada y B, Línea y B, Habana y Compostela y San Miguel entre Belascoaín y Gervasio; poseyó unos valiosos caballos, así como pieles y muchísimas joyas de incalculable valor, además de nueve automóviles, principalmente europeos pues eran sus preferidos. Sus gastos mensuales para mantener su tren de vida ascendían a $2.000 mensuales,sin contar las cantidades extras con las que ayudaba a su numerosa familia, todo lo cual constituye una verdadera fortuna si tenemos en cuenta de que hablamos de la década de los años veinte. Fue la amiga de ricos habaneros dedicados a la política y los negocios, entre ellos José Miguel Gómez (conocido popularmente como ³Tiburón²), a quien ayudó con su lealtad durante los sucesos de ³la Chambelona² Fue tan popular la Macorina que no sólo tiene en su honor dos composiciones musicales y una pintura de Cundo Bermúdez, sino que fue inmortalizada en las famosas charangas de Bejucal, que se celebran en el mes de diciembre,donde en los desfiles de personajes aparecía una muñecona con careta, debajo de la cual estaba su creador, un albañil llamado Lorenzo Romero Miñoso.

María se convierte en Macorina

Aunque ella misma declaró que detestaba ese apodo, lo cierto es que
pasó a la fama con ese nombre y como si hubiera sido obra de la casualidad.
Al Paseo del Prado entre San Rafael y San Miguel se le conoce como la
Acera del Louvre, así llamada por el famoso Café del Louvre, fundado por Juan de Escauriza en 1844. En esa misma acera se establecieron posteriormenteel Hotel Telégrafo y el Hotel Inglaterra, inaugurado éste en 1875 y donde se hospedó en 1890 Antonio Maceo. La Acera del Louvre se hizo famosa: allí se reunían, primero, los jóvenes revolucionarios antes de incorporarse a las filas insurrectas; y ya en la República conversaban y leían sus obras los entonces jóvenes Emilio Ballagas, Jorge Mañach y otros talentos de la misma época. Y en una ocasión, mientras María andaba por la acera del Louvre, un joven que había bebido más de la cuenta dijo al pasar la bella mujer:
³¡Ahí va la Macorina!², cuando en realidad quería decir la Fornarina
(llamada realmente Consuelo Bello), una famosa cupletista española,
contemporánea de la también española Raquel Meller y de la cubana ³la Chelito² (³la Coquito²). Quiso compararla a la Fornarina pero su embriaguez le hizo decir ³Macorina².

La decadencia
Como ya es lugar común en este tipo de biografías, el ocaso de la
Macorina se inició en 1934. La situación económica nacional ya no era tan próspera, pero quizás el hecho indiscutible era que la Macorina tenía entonces 42 años. Los amigos del pasado iban amparándose en excusas cada vez que ella les pedía ayuda, y así fue vendiendo todas sus pertenencias, desde las joyas hasta las casas y los coches: la Macorina acabó en la más absoluta pobreza, viviendo en un cuarto alquilado en una casa familiar habanera.

La ficción
A partir del triunfo sostenido de la canción de Chavela Vargas, hemos
podido enterarnos de muchas leyendas acerca del personaje de la Macorina, historias tan sorprendentes como la que afirma que fue una guerrillera, así comouna luchadora por la libertad en el siglo XVII en Hispanoamérica. También se dice que su verdadero nombre es María Constanza Caraza Valdés, el cual se cambió por el de María Calvo Nodarse, pero lo cierto es que en el permiso para conducir o cartera dactilar expedida por el Municipio de La Habana aparece con el nombre con el que ella misma se ha dado a conocer.

También se la ha descrito como hija de negra y chino, pero las fotos que de ellase han publicado (incluida la que aparece en el permiso de conducir) muestran a una mujer blanca.


³Ponme la mano aquí²
La canción La Macorina que interpreta actualmente Chavela Vargas lo
único que conserva de la que cantaba Abelardo Barroso es ese inquietante estribillo: ³Ponme la mano aquí, Macorina². La música es de la propia Chavela y la letra de Alfonso Camín (1890-1982), un asturiano que llegó a La Habana con quince años y que después de sobrevivir gracias a múltiples y variados empleos (desde machetero hasta dependiente y vendedor) llegó a ser redactor del Diario de la Marina, periódico que incluso lo envió como reportero de guerra a Europa cuando la Primera Guerra Mundial. Fue un prolífico autor de agitada vida que publicó muchas obras pero completamente ignorado por los escritores cubanos. A mediados de los años cincuenta se marchó definitivamente a México. Pero Alfonso Camín no ha pasado a la posteridad por sus numerosas obras sino por la letra de La Macorina:

Los amigos y clientes la fueron abandonando y una no muy joven Macorina tuvo que vender hasta la última de sus propiedades.
Algunos la recuerdan regenteando un burdel en la calle Príncipe. Al final, se instaló en una humilde casa de huéspedes de Centro Habana.
“Hoy no tengo ilusiones, pero sí paz. Vivo acompañada de la soledad”, declaró a la revista Bohemia, en 1958, a los 66 años, casi en la miseria.
Murió en La Habana en 1977.
De ella queda un lienzo de Cundo Bermúdez, una muñecona en las Charangas de Bejucal, una escudería de autos antiguos con su nombre y el famoso danzón con su atrevido estribillo: “Ponme la mano aquí Macorina pon, pon Macorina, pon”.        

Ponme la mano aquí, Macorina,
pon, pon, pon, Macorina,
pon, pon, Macorina.
Yo conozco una vecina
que me tiene alborotao,
me enteré que en los paraos
la llaman la Macorina.
Ponme la mano aquí, Macorina,
que me muero, Macorina.
ponme la mano aquí, Macorina,
que estoy loco, Macorina.
Ella gasta gasolina
en su carro colorao,
y sigue con el tumbao
que ella es la gran Macorina.
Allá va la Macorina
en su carro colorao,
ella va pa’ los saraos
con su tremendo tumbao.
Le dicen la Macorina
con su carro colorao.