viernes, julio 01, 2011

El primer cementerio de Cuba y América.

El Primer cementerio de Cuba y América fue inaugurado el 5 de enero
de 1798 en la ciudad de Bayamo, Oriente, con el nombre de San Juan Evangelista.

Fue en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando las autoridades civiles y eclesiásticas de Bayamo asumieron la necesidad de romper con la arraigada costumbre popular de reposar la eternidad en templos y conventos.

Durante más de una centuria antes, la sociedad de la jurisdicción realizaba los enterramientos fuera de esos recintos, por causas diversas. Una, porque la mayoría de los grupos humanos iniciadores de la colonización, al pertenecer a clases medias y bajas, se inclinaban por efectuar los sepelios en espacios abiertos, cementerios anexos a un santuario. Correspondía solo a la elite hispana el hábito de utilizar iglesias y conventos con tales fines.

El problema comenzó cuando, después de muchos años, el espacio dentro de los templos y conventos se hizo mínimo y el abarrotamiento de cadáveres provocó una alarmante situación de insalubridad, algo al parecer común para todas las partes de la Isla.

La amenaza que aquello representaba para la salud conllevó a que hasta los representantes del clero, principales beneficiados monetariamente con los entierros en iglesias, comenzaran a pronunciarse por la construcción de cementerios fuera de los poblados.

Tal conveniencia fue apoyada por los gobernantes, según dan cuenta documentos de archivos de la época, uno de estos recoge lo escrito entonces por Don Joseph de Espeleta, Gobernador y Capitán General de la Isla de Cuba y de la Ciudad de San Cristóbal de La Habana.

… la mayor parte de las enfermedades epidémicas que se conocían con distintos nombres arbitrarios no tenían en su concepto otro principio que el de enterrarse en las iglesias los cadáveres y por hallarse los templos reportados en toda la población y combatirla unos ayres corrompidos é impuros, á causa de su temperamento cálido, y húmedo, como porque comprehendiendo mayor número de personas que las que permitía su extensión, y capacidad, en ciertas estaciones del año eran tantos los que se enterraban, que en algunas iglesias apenas podía pisarse sin tocar sepulturas blandas, y hediondas; baxo de cuyo concepto, para prevenir un daño tan considerable, propuso como medio urgentísimo, y conveniente á la salud pública el establecimiento de un cementerio fuera de poblado en donde se enterrasen todos, sin excepción de personas.

“Por su orden el de la villa San Salvador de Bayamo fue el primero. El segundo, el de La Habana (2 de febrero de 1806) por iniciativa del obispo, doctor Juan José Díaz de Espada y Landa. El tercero, construido por el arzobispo, doctor Mariano Rodríguez de Olmedo y Valle en Santiago de Cuba, en febrero de 1828.”

La alta tasa de mortalidad que se produjo con la contienda libertadora del 68 hizo que el cementerio se ocupara totalmente. A este fueron a parar los restos, además de los moradores, de soldados españoles y patriotas capturados y luego fusilados.

En 1871 estaba abierto, abandonado después de dos años de lucha, causas que igual llevaron a la propuesta de dotar a la villa de otro campo santo.
Varios proyectos nacieron con ese propósito pero ninguno se concretó por falta de recursos primero y luego por falta de un terreno. Solo en 1918 quedó inaugurada la nueva Necrópolis.
El 24 de agosto de 1923, de acuerdo con la propuesta del concejal Juan J. Oduardo, se acordó construir un parque público en la Plaza de San Juan, frente al antiguo cementerio, con su arboleda y asientos de corte moderno y que llevara el nombre de Francisco Vicente Aguilera.