martes, febrero 15, 2011

Mentiras de Castro. Castro y su visita a Miami.

En las escuelas nos decian que Castro jamas visito USA.

El paso de Fidel Castro por Miami.

Engie ALvarez el Viernes, 18 de junio de 2010 a las 18:27


El hombre que llegó a ser objeto de la ira de los exiliados cubanos y de 10 presidentes de Estados Unidos estuvo en Miami tres veces, reuniéndose con personas en una conocida casa de piedra coralina en la Pequeña Habana, un hotel de Miami Beach y en un teatro de la Calle Flagler que ya no existe.

Su primera visita fue en 1948, cuando vino en su luna de miel. Al año siguiente vino a esconderse, y en 1955 vino en calidad de revolucionario y encontró apoyo entre los cubanos que estaban exiliados en Miami en espera de la caída de Fulgencio Batista.

Al trazar de nuevo las huellas de Castro en los años 40 y 50, surge la imagen de un pueblo sureño turístico con unos pocos cubanos dándole la bienvenida a un hombre que habría de cambiar para siempre el panorama político de su país isleño y de gran parte de la Florida.

En el antiguo Flagler Theater, recaudó cientos de dólares y pronunció un fogoso discurso que él esperaba habría de consolidar respaldo para su revolución futura, iniciada con el ataque al Cuartel Moncada, hoy hará 55 años.

Luis Conte Agüero, entonces un político connotado y aliado de Castro, estuvo sentado en el estrado aquel 20 de noviembre de 1955 y recuerda al apuesto abogado de 29 años vestido con un elegante traje oscuro.

"Lo que recuerdo hasta hoy es cómo recalcó en su discurso que en aquel momento había 26,000 cubanos en el exilio. Y miren lo que acabó por hacer'', dice Conte Agüero, de 84 años, que tiene un programa de televisión en TeleMiami.

La primera visita de castro a Miami tuvo lugar en 1948 a mediados de octubre, y fue típica de la época.

Acababa de casarse con Mirta Díaz Balart, y se alojaron en un hotel de Miami Beach, probablemente el Saxony, el Sans Souci, el Shelborne o el Casablanca.

"Supongo que habrá sido uno de ésos. Eran los hoteles buenos, donde las parejas de alta clase media pasaban sus lunas de miel a fines de los años 40'', dice Paul George, un historiador de Miami Beach.

La joven esposa de Castro era hermana de un compañero de estudios de Castro en la Universidad de La Habana, el difunto Rafael Díaz Balart, padre de los congresistas estadounidenses Lincoln y Mario Díaz Balart.

En sus memorias publicadas en el 2006, Rafael dice que Castro y la hermana de él pasaron su luna de miel "en uno de los hoteles más elegantes de Miami Beach''. Los regalos de la boda sumaban la impresionante cantidad para entonces de $10,000.

Sea cual haya sido el hotel, el grueso libro de dos volúmenes, de realidad y ficción combinadas, del escritor cubano Norberto Fuentes sobre Castro, dice que la pareja consumó su matrimonio en su suite.

Luego de la luna de miel de 10 días en Miami Beach, los Castro viajaron a Nueva York, que puede haber sido parte del plan de viaje, y eso incluyó una visita a las Cataratas del Niágara. En Manhattan, se alojaron con Díaz Balart y su esposa Hilda en un pequeño apartamento alquilado en la Calle 82 del West.

Díaz Balart escribió que los recién casados decidieron quedarse en Nueva York y alquilaron una habitación por un breve tiempo en el mismo edificio. Su estadía en Nueva York, Castro la pasó aprendiendo inglés y mirando en librerías.

También compró un elegante automóvil, un Lincoln Continental de uso de 1947 con ventanillas automáticas, algo de gran lujo en aquella época. Conte Agüero dice que el automóvil encajaba bien con la personalidad de Castro.

"Fidel era muy ostentoso: utilizó su dinero de la boda para comprar el auto. Algo típico de él''.

Fuentes dice en uno de sus libros que después de varias semanas en Nueva York, ambas parejas fueron desahuciadas porque Castro no pagaba el alquiler.

Regresaron a Miami en el Lincoln, tomando toda la U.S 1 rumbo sur. En Miami, Castro dejó a los Díaz Balart en el aeropuerto, donde cogieron un avión de regreso a La Habana.

La pareja siguió hasta Cayo Hueso donde abordaron un ferry de regreso a La Habana, junto con su Continental, según el libro de Fuentes.

El segundo viaje de Castro fue más conspirativo. Huyendo y temiendo por su vida, Castro se refugió en Miami. En noviembre de 1949, Castro, que tenía reputación de gangster en la Universidad de La Habana, polemizó con enemigos. Los denunció públicamente y luego temió que fueran a matarlo en represalia.

Max Lesnik, un controversial comentarista radial de Miami, y compañero de la Escuela de Derecho, dijo haber escondido a Castro en su apartamento de La Habana en la calle Morro. Dice que entonces alguien --no recuerda quién-- le compró a Castro un boleto de avión. No se sabe si Castro permaneció en Miami horas o días antes de mudarse para Nueva York, esperando que las cosas se tranquilizaran.

El susto lo vigorizó. Tras regresar a Cuba, empezó a planificar uno de sus movimientos políticos más estratégicos. Los atacantes al Cuartel Moncada se dispersaron y Castro resultó capturado. Fue a juicio, resultó convicto y enviado a la cárcel pero se le concedió una amnistía, en una decisión que sellaría el futuro de Cuba.

Conte Agüero, un popular político en la Cuba de la época y que ahora tiene en programa de televisión, encabezó el movimiento para salvar la vida de Castro, con éxito. "Soy culpable de muchas cosas, lo sé', le dijo al Herald.

Castro se convirtió en una causa celebre. A los pocos meses tomó rumbo a Miami en busca de dinero y apoyo.

Llegó a mediados de noviembre y le dio una entrevista al Miami Herald para promover su reunión del día 20 en un teatro del downtown, un lugar justo al oeste de la 2da Avenida del NW, cerca de donde ahora está el puente de la Calle Flagler.

"Un joven revolucionario cubano está en Miami haciendo planes para derrocar al gobierno de Fulgencio Batista'', escribió el Herald.

"Hemos organizado un movimiento de unas 100,000 personas. Si Batista permanece en el poder por la fuerza, entonces no quedará más remedio que sacarlo por la fuerza'', dijo Castro.

Preocupado porque no fuera a atraer suficiente público, Castro convenció a Conte Agüero y a otra personalidad de la radio cubana a venir a Miami desde La Habana para unírsele en la actividad del teatro. Castro dijo esperar más de 1,000 personas en el evento del domingo por la mañana. "El teatro estaba lleno pero no abarrotado'', recuerda Conte Agüero.

Los oradores estaban sentados en una larga mesa frente a un retrato de José Martí, flanqueado por las banderas de Estados Unidos y Cuba.

Wilfredo Gort, fotógrafo del Diario las Américas, cubrió el evento. Tomó varias instantáneas de un animado Castro y entusiastas cubanos en el teatro. Las fotos son parte de la colección del Museo Histórico del Sur de la Florida.

Después del acto, fotos propiedad de la familia de Rafael del Pino Siero muestran un jubiloso grupo de partidarios alrededor de Castro en compañía de ‘‘Fidelito'', su hijo de 6 años.

Conte Agüero no recuerda donde se quedó Castro pero no fue en la casa de piedra, que todavía está en la esquina de la 22 Ave. del NW y la 7 St. No está claro quién era el dueño o el que la había alquilado, probablemente un simpatizante. La casa de dos pisos fue un centro de reuniones durante esa visita, un lugar donde Castro expuso sus esperanzas para Cuba.

Hoy, viejos exiliados todavía señalan la casa de coral y dicen: "Fidel Castro estuvo ahí''.

Conte Agüero dijo saber que Castro durmió en otra parte durante esa visita. "Me dijo que por razones de seguridad, no podía dormir en la casa''.

Es posible que Castro haya tenido un encuentro romántico en la casa de coral. En 1997, una mujer le dijo a Vista Semanal haber alquilado un cuarto en la casa, donde ella y el joven revolucionario habían hecho el amor.

Verdadero o falso, el artículo es parte de la Colección Cuba de la Universidad de Miami.

Después de Miami, Castro fue a Tampa y finalmente a Cayo Hueso donde pasó 10 días en una casa de huéspedes.

Quería hablar de todas formas en el histórico Instituto San Carlos en la calle Duval desde el mismo balcón donde José Martí le había hablado a los tabaqueros cubanos que trabajaban allí y que estaban luchando por la independencia de España.

La solicitud de Castro fue rechazada y se fue molesto, diciendo que iba a convocar una manifestación para denunciar la decisión del San Carlos en la aledaña Stock Island.

La demostración nunca tuvo lugar así que partió rumbo a México. Nunca regresó a Miami.

Por 26-07-2008 - Redacción Diariocritico Venezuela / The Miami Herald

The Miami Herald
Fri, July 25, 2008
Fidel Castro once used Miami as haven, revolutionary springboard

By ALFONSO CHARDY AND LUISA YANEZ

Fidel Castro walking the streets of Miami.

It happened -- a long time ago.

The man who would become the ire of Cuban exiles and 10 U.S. presidents visited three different times -- holding court at a well known coral house in Little Havana, a Miami Beach hotel and a defunct Flagler Street theater.

His first visit was in 1948, when he came for his honeymoon. The next year, he came to hide.

And in 1955, he stumped through the area as a revolutionary and found support among Miami exiles waiting out the ouster of Fulgencio Batista.

In retracing Castro's footsteps in 1940s and 1950s Miami, a portrait emerges of a southern tourist town with a relatively small number of Cubans who welcomed a man who would forever change the political landscape of their island nation and much of South Florida.

At the former Flagler Theater, he collected hundreds of dollars and gave a fiery speech he hoped would consolidate support for his yet-to-come revolution, sparked by the famed attack on the Moncada barracks -- 55 years ago Saturday.

Luis Conte Agüero, then a well known politician and Castro ally, sat on the dais at the rally on Nov. 20, 1955, along with a 29-year-old Castro wearing not fatigues, but a dark suit.

''The thing I remember to this day is how in his speech he made a big deal of pointing out that there were 26,000 Cubans at the time in exile. And look what he ended up doing?'' said Conte Agüero, 84, who hosts a cable television show on TeleMiami.

FIT FOR A HONEYMOON

Castro's first visit to the Miami area came in mid-October 1948, and was typical for the times:

A newlywed, he came to honeymoon with his new bride, Mirta Díaz-Balart. The couple stayed at a Miami Beach hotel -- perhaps the Saxony, the San Souci or the Shelborne. ''Those were the hotels where well-healed, upwardly mobile couples honeymooned in the late 1940s,'' said Miami Beach historian Paul George.

Castro's bride was the sister of Castro's University of Havana law school classmate and then-close friend, the late Rafael Díaz-Balart -- father of Cuban-American congressmen Lincoln and Mario Diaz-Balart.

In his memoir published in 2006, Rafael wrote that Castro and his sister spent their honeymoon in ``one of the elegant hotels on Miami Beach.''

The Castros' wedding loot had been impressive -- more than $10,000.

At the oceanfront hotel, Cuban author Norberto Fuentes' massive two-volume fiction-reality novel on Castro says the couple consummated their marriage in their suite.

After the 10-day Miami Beach honeymoon, the Castros traveled to New York. In Manhattan, they stayed with Díaz-Balart and his wife, Hilda, in a tiny apartment on West 82nd Street.

Díaz-Balart wrote that the newlyweds decided to stay in New York and briefly rented a room in the same building -- and Castro spent his time teaching himself English and scouring bookstores.

He also bought a fancy car: a used 1947 Lincoln Continental with electric windows, a luxury at the time. Conte Agüero said the car fit Castro's personality.

``Fidel was very ostentatious; he took his wedding money to buy that car -- and that was just like him.''

After several weeks in New York, the couples were evicted after Castro decided he could no longer pay the rent, Fuentes writes in one of his books.

They headed back to Miami in the Lincoln, taking U.S. 1 all the way south and breaking down several times. In Miami, Castro dropped off the Díaz-Balarts at the airport, where they caught a plane back to Havana.

The couple continued south to Key West, where they boarded a water ferry back to Havana -- along with their Lincoln, according to Fuentes' book.

A PLACE OF REFUGE

Castro's second trip was more cloak-and-dagger. On the run and fearing for his life, Castro took refuge in Miami. In November 1949, Castro -- with a reputation as a political thug at the University of Havana -- feuded with his enemies. He denounced them publicly and then feared they would retaliate and kill him.

Max Lesnik, a controversial radio commentator in Miami and fellow law student, said he hid Castro at his Havana apartment, and that then someone -- he doesn't recall who -- purchased Castro a plane ticket. It's not known if Castro stayed in Miami for hours or days before moving on to New York, waiting for tempers to cool.

The scare invigorated Castro. After returning to the island, he began to plot one of his most strategic political moves. The Moncada attackers were routed and Castro was captured. He stood trial and was convicted and imprisoned -- but granted amnesty in a move that would seal Cuba's future.

Conte Agüero, a respected and popular politician in Cuba at the time who now is a local television host, led the movement to spare Castro's life -- and succeeded. ''I'm to blame for much, I know,'' he told The Miami Herald.

Castro became a cause célèbre. Within months, he headed to Miami looking for money and support.

DRUMMING UP SUPPORT

Castro arrived in mid-November and gave an interview to The Miami Herald to promote his rally on the 20th at the downtown theater, a spot just west of Northwest Second Avenue, near where the Flagler Street bridge now stands.

''A young Cuban revolutionary is in Miami making plans to topple the government of Fulgencio Batista,'' The Miami Herald wrote.

''We have an organized movement of 100,000 persons. If Batista continues to remain in power by force, then there is no other way but to remove him by force,'' Castro was quoted in detailing his desire.

Concerned that he wasn't a big enough draw, Castro convinced Conte Agüero and another Cuban radio personality to fly to Miami from Havana to join him at the theater rally.

Castro promised that more than 1,000 people were expected at the Sunday morning event. ''The theater was full but not packed, '' Conte Agüero remembers.

The speakers sat at a long table on a stage in front of a portrait of José Martí flanked by the U.S. and Cuban flags.

Diario Las Americas photographer Wilfredo Gort covered the event. He took snapshots of an animated Castro and the cheering Cubans at the theater. The photos are part of the collection at the Historical Museum of Southern Florida.

After the rally, photos owned by the Rafael del Pino Siero family show a joyful group of supporters surrounding Castro in the company of his 6-year-old son ``Fidelito.''

Conte Agüero doesn't recall where Castro stayed, but it wasn't at la casa de piedra, or the rock house, still standing at the corner of Northwest 22nd Avenue and Seventh Street. It's unclear who owned or rented the house -- likely a Castro supporter. The two-story building was a gathering spot during that visit, a place where Castro expounded on his hopes for Cuba.

Today, long-time exiles still point to the coral house: ''Fidel Castro stayed there,'' they say.

LEAVING CITY BEHIND

Conte Agüero said he knows Castro slept elsewhere in Miami during that visit. ``He told me that, because of security concerns, he could not stay there overnight.''

Castro may have even had a romantic tryst at the rock house. In 1997, a woman told the Vista Semanal tabloid that she rented a room at the house, where she and the young revolutionary made love.

True or false, the article is part of the Cuba Collection at the University of Miami.

After Miami, Castro traveled to Tampa and finally Key West, where he spent 10 days at a guest house.

He desperately wanted to speak at the historic San Carlos Institute on Duval Street from the same balcony where Cuban patriot Martí had spoken to Cuban cigar makers who worked there and who had fought for liberation from Spain decades earlier.

Castro's request was shot down and he stormed off in a huff, vowing to hold a rally denouncing the San Carlos decision at nearby Stock Island.

The demonstration fizzled, so he left for Mexico, never to return to Miami.