lunes, 20 de mayo de 2013

Himno invasor. Historia y Letra.

Enrique Loynaz del Castillo (1871-1963).
General del Ejército Libertador de Cuba

Historia del Himno Invasor.
 
Roberto Leiva
Diario Las Américas
 
 
El 15 de noviembre de 1895 por primera vez se toca en el campamento de la finca «La Matilde», en la zona de Najasa, provincia de Camagüey, el Himno Invasor, de Enrique Loynaz del Castillo. Se dice que cuando Loynaz del Castillo recorría su casa con algunos amigos, ellos observaron unos versos escritos en la hoja de una ventana. Entonces Loynaz del Castillo pintó la bandera cubana sobre la otra hoja de la ventana y escribió unos versos. Estos versos más tarde pasaron a ser el Himno Invasor.
 


Una página de señalada significación histórica de nuestra epopeya redentora, cargada de emotivos recuerdos, revela a la posterioridad que en aquel memorable día, bajo patriótica emoción, rebeldía e inspiración, un joven de 25 años de edad, Enrique Loynaz del Castillo, convertido más tarde en General del Ejército Libertador Cubano, le dio a las fuerzas mambisas y a su patria la vibrante música, así como su letra, de nuestro glorioso Himno Invasor, llamado también "Himno del Pueblo".

En las paredes de la casa de la finca "La Matilde", en la región de Camagüey, que había pertenecido al Dr. Simoni, padre de dos admirables cubanas: Matilde, esposa del General Eduardo Agramonte, y Amalia, la romántica y adorable compañera del General Ignacio Agramonte Loynaz, las fuerzas españolas que la habían ocupado dejaron escritas en las citadas paredes frases groseras e insultos desagradables contra los sublevados. En una ventana blanca y azul, bajo una pirámide coronada por una bandera española, aparecieron unos bellos versos. Alguien trató de borrarlos pero el propio joven Loynaz se opuso.

Procedió entonces a pintar una bandera cubana sobre la otra ventana abierta, y sobre el glorioso palio escribió unos versos que al mismo tiempo tarareaba. Así, de esta forma salió su famoso Himno Invasor, cuyo definitivo traslado al pentagrama musical quedó a cargo del Capitán Dositeo Aguilera, patriota esclarecido que en unión de otros músicos y profesores, formaba y dirigía abnegadamente la pequeña Banda de la Revolución que acompañó al General Antonio Maceo durante la Invasión.


Himno Invasor
Letra y Música del Gral. Enrique Loinaz del Castillo.
 


A Las Villas valientes cubanos
a Occidente nos manda el deber
de la Patria arrojar los tiranos
a la carga a morir o vencer.
 
De Martí la memoria adorada
nuestras vidas ofrenda al honor
y nos guía la fúlgida espada
de Maceo el caudillo invasor.
 
Alzó Gómez su acero de gloria
señalando la ruta triunfal,
cada marcha será una victoria,
la victoria del bien sobre el mal.
 
Orientales heroicos al frente,
Camagüey, Villareños, marchad
a galope triunfal a Occidente
por la Patria, por la libertad.
 
De la guerra la antorcha sublime
cubra el cielo de intenso fulgor,
porque Cuba se acaba o redime,
incendida de un mar a otro mar.
 
A la carga escuadrones volemos
que al degüello el clarín ordenó,
los machetes furiosos alcemos,
muera el vil que la Patria ultrajó.
 

 
Por versión personal del propio autor, sabemos cómo este himno llegó a conocimiento del General Antonio:

"En aquel ambiente patrio, caldeado al rojo, los versos de la Invasión fueron como un reguero de pólvora... La casa se colmó de oficiales y soldados que sacaban copias. El Presidente Cisneros decidió mudarse: -"No podemos trabajar con este gentío, tu himno nos desaloja". ¡El himno estaba consagrado!
 
Aquel éxito inesperado me animó a buscarle melodía apropiada a los versos. Horas y horas de solitarios ensayos, fijaron en mi memoria la melodía, altiva y enaltecedora.

Enseguida me dirigí al General Maceo: -"General, aquí le traigo su himno de guerra, que merecerá el gran nombre de usted; déjemelo tararear…"
 
-"Pues bien", me respondió el General. Y a medida que yo canturreaba los versos, la mirada se le animaba. Al terminar, en la estrofa evocadora de las trompetas de carga, puso sobre mi cabeza su mano mutilada por la gloria. –"Magnífico -dijo-, yo no sé nada de música, para mí es un ruido, pero ésta me gusta. Será el Himno Invasor, sí, quítele mi nombre, y recorrerá en triunfo la República..."
 
Luego agregó: -"Véame a Dositeo para que mañana temprano lo ensaye la Banda".

–"General, -objeté-, tiene que ser ahora mismo, porque mañana se me habrá olvidado esta tonada, como me ha pasado con otras".
 
Pues bien, vaya ahora mismo y traiga a Dositeo". Era el Capitán Dositeo, el Jefe de la pequeña Banda del Ejército Invasor. Agradable, inteligente y acogedor.

-"Lo he llamado, -dijo el General-, para que la Banda toque un himno de guerra, que le va a cantar el Comandante Loynaz. Váyanse por ahí y siéntense en alguna piedra, donde nadie los moleste; trabajen hasta que la Banda toque exactamente el Himno Invasor. Apúrenme eso".

En dos taburetes, Dositeo y yo nos pusimos a trabajar. Apenas media hora había, a mi juicio, transcurrido, y ya estaba completa en el pen¬tagrama la melodía, que le fui tarareando en sus tres variaciones armónicas.
 
La volvió a tararear leyendo sus notas. La celebró, pero agregó: -"No se me contraríe si le hago una pequeña corrección".

Interrumpí: -"El General dijo exactamente". –"Sí, pero ni el General, ni usted saben nada de música. Con las notas de este primer compás no hay voz que llegue a los últimos compases. Y su himno es para el canto. Déjeme esto a mí, que necesito ahora mismo empezar el verdadero trabajo, instrumentar, y con la prisa que el General quiere".

Al día siguiente, el Ejército Invasor tenía un himno: Con él Iba a recorrer la República. Con la Invasión, llegó el himno a Mantua. Y tres años después, lo escuchó la Capital entre el estampido de los cañones que saludaban la llegada del Ejército Libertador. Desde entonces, fue costumbre en los actos oficiales abrir con el Himno de Bayamo, y finalizar con el Invasor.
 
El General Loynaz rechazó siempre las sugerencias de inscribir a su nombre el Himno Invasor en el Registro de la Propiedad Intelectual. Expresó que el Himno pertenecía al pueblo cubano.

Fuente: Roberto Leyva
Diario Las Américas
Miami, 10 de octubre de 1980

Origenes de la bandera cubana. Varias banderas cubanas.

 
 
La bandera de Cuba fue proclamada como tal el 11 de abril de 1869, en la Asamblea de Guáimaro. Esta bandera fue enarbolada por primera vez en Cuba por el General de origen venezolano Narciso López en la ciudad de Cárdenas, el 19 de mayo de 1850.

La bandera nacional se izó antes en los EE.UU. que en Cuba, donde Narciso López la izó por primera vez en la ciudad de Cárdenas, provincia de Matanzas.

Cuenta la historia que se encontraba en la ciudad norteamericana de Nueva York, el General Narciso López, luchando por la gesta independentista de CUBA y cansado por sus trajines revolucionarios, se quedó dormido en un parque de dicha ciudad. Al despertarse miró al cielo y vio celajes azules y blancos conjuntamente con una mancha roja que producía el sol poniente. Una oscilante estrella brillaba al centro. Estos elementos completaban una feliz idea.

Emocionado fue en busca de su gran amigo, Miguel Teurbe Tolón (poeta, patriota y dibujante) quien con las Ideas manifestadas por Narciso López, diseñó la bandera cubana, la que fue confeccionada en tela de raso por la prima y esposa de Teurbe : Emilia.

Tanto la bandera como el Escudo nacional fueron creados por la misma persona, Miguel Teurbe Tolón. Las especificaciones de diseño de ambos fueron establecidas por el primer presidente de Cuba, Tomás Estrada Palma, mediante Decreto, el 21 de abril de 1906 y han permanecido sin modificaciones desde entonces.

Su forma: Es rectangular, de doble largo que ancho, compuesta por cinco franjas horizontales del mismo ancho, tres de color azul turquí y dos blancas dispuestas de forma alternada. Un triángulo equilátero de color rojo en uno de sus extremos, uno de cuyos lados es vertical, ocupa toda la altura de la bandera y constituye su borde fijo. Dicho triángulo lleva en su centro una estrella blanca de cinco puntas, inscripta en una circunferencia imaginaria, cuyo diámetro es igual a un tercio de la altura de la bandera, con una de sus puntas orientada hacia el borde libre superior de la bandera.

Significado de sus elementos:

 La estrella solitaria de cinco puntas representa la república libre, independiente y soberana que debía ser Cuba y a la unidad de los cubanos.
El rojo, ubicado dentro de un triángulo en clara alusión al tríptico de los ideales franceses de: libertad, igualdad y fraternidad, alude a la sangre derramada en la lucha.
Las franjas blancas la pureza de los ideales y la virtud de los cubanos.
Las azules por los tres departamentos en que se dividía en esa época Cuba: Occidente, Centro y Oriente.
 

La bandera original creada por Narciso López en 1849, tenía la estrella con una punta dirigida hacia el extremo libre del triángulo. La posición actual de la estrella fue determinada por el primer presidente Constitucional de CUBA, Don Tomás Estrada Palma, en un Decreto cursado el 21 de abril de 1906. Así también determinó sobre que azul fijar para las tres franjas, decidiendo que éstas fueran de azul turquí.

Otras banderas también ondearon en nuestro país, entre las que podemos mencionar y que aparecen de izquierda a derecha de la publicación:

 1823- Diseño de Bolivar para La Union de Cuba. Llamada “Bandera del Sol”
1848- Revuelta de Narciso López
1850- La enarbolada por Narciso López en Cárdenas.
1852- Independentista.
1868- Bandera usada por Carlos Manuel de Céspedes, El Padre de la Patria, en el levantamiendo “Grito de Yara” el 10 de Octubre de 1868.


Primera bandera cubana.  Bandera del Sol.
Diseño de Bolivar para La Union de Cuba - 1823.
 
 
1ra bandera de la independencia llamada "Soles y Rayos de Bolivar" - 1823
 
 
Bandera del Club de la Habana - 1847
 
 
Primera Bandera de la Conspiración de La Mina de la Rosa Cubana - 1848
 
 
Segunda Bandera de la Conspiración de La Mina de la Rosa Cubana - 1848
 
Tercera Bandera de la Conspiración de La Mina de la Rosa Cubana - 1848
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

sábado, 18 de mayo de 2013

La casa Dupont. Varadero, Cuba.

 
 
Lateral de la casa.
 

La casa Dupont.
Por Eufrates del Valle.


La historia de esta casa fascinante ya se la había escuchado a pescadores del área cuyos padres habían sido empleados de la familia Dupont antes de 1959. La mansión fue construida en la Peña San Bernardino y terminada el 30 de diciembre de 1930, después que el millonario estadounidense de origen francés Alfred Irenee Dupont comprara 180 hectáreas de la Península de Hicacos a la familia española propietaria original de esas tierras.

Este Dupont vendió algunas parcelas a cubanos y americanos y construyó la Mansión Xanadú, llamada así por un poema de Samuel Taylor, como casa de descanso para los meses de invierno. Para ello trajo de Santiago de Cuba maderas preciosas como caoba, cedro, sabicú y jiquí para los techos, puertas, barandas y columnas, así como mármoles cubanos, italianos y españoles para los baños. También creó un campo de golf en el terreno frente a la casa.




Debe haber sido en 1963 la primera vez que la visité, porque ya estaba intervenida por el gobierno del caos y era como especie de un museo, pero todavía no habían inaugurado el restaurante que allí hicieron a partir de la visita de la cosmonauta Valentina Tereskova. Recuerdo nítidamente aquella sala que nada tiene que ver con ese espacio triste al que sólo le queda un armario, 3 butacas y 2 mesas que se aprecia en la foto anterior. Allí había un magnífico juego de sala formal con todas sus piezas, sofaces, consolas, otomanas, mesa central y mesas laterales llenas de marcos de plata con retratos de la familia Dupont de varias generaciones, ceniceros de cristal y de plata, humidificadores de tabacos, libros encuadernados en cuero y flores frescas en exquisitos búcaros por doquier. Tengo una vaga impresión de que esas butacas de la imagen anterior eran parte de otra sala adyacente, un poco más informal.
 
 
También grabada tengo esa escalera porque, cuando llegué al descanso de la misma, recuerdo que recorrí con la vista aquella inmensa pared blanca en un viaje fantasioso al infinito. Puedo asegurar que esos dos cuadritos de la foto no tienen nada que ver con la decoración original de Dupont ni con la elegancia de dicha familia, todavía impregnada en aquella casa cuando la visité por primera vez.
Al pasar el tiempo y en distintas épocas de mi vida, seguí bañándome en el área, aunque siempre evité volver a entrar dentro de la casa, después que fui testigo, años tras años, de los objetos y muebles que iban desapareciendo y el espíritu de desolación que la iba habitando. Sin embargo, durante esa última visita a Cuba que hice a finales de los 90, y después del sobresalto de tristeza que me produjo recorrerla como un “extranjero”, salí a la terraza para tirar la foto anterior, que debería congelar en su imagen el paisaje de muchos de mis recuerdos juveniles.

Pero hasta ese paisaje fue imposible de encontrar: Donde antes había un sin fin de peñones rodeados de vegetación silvestre y uvas caletas escondiendo pequeñas e íntimas playitas, lo que vi detrás del visor de mi cámara fueron unos ordinarios hoteles al estilo del más común de los resorts del mundo. Aquel paisaje único había sido violado por los Castros y convertido en un resort más para turistas extranjeros. Ni siquiera la espantosa transformación fue para el bien del pueblo cubano.
 
 
Para colmo, buscando ahora información sobre la casa en la internet, me encuentro con páginas como por las cuales me entero que a la casa Dupont, como siempre la conocí, la han vuelto un hotel de lujo de seis habitaciones, conjuntamente con el exclusivo campo de golf. Hotel y campo de golf, por supuesto, de los cuales los cubanos no pueden disfrutar por ser ciudadanos de segunda clase en su propio país, a no ser que te vayas de la Isla como un gusano, y luego regreses con dólares y desmemoriado, como un turista extranjero o una mariposa, para poder disfrutar del paraíso que llaman Cuba de donde tu mismo tuviste que huir.

 




LA FREDDY.



 Freddy (Fredesvinda García Valdés) Céspedes, Camagüey, 1933. Llega a La Habana a los 12 años para colocarse de doméstica. Para fines de los '58, ya era un personaje conocido de la farándula cubana; una señora que pesaba unas 300 libras, que frecuenta café-bars como El Celeste, y que cantaba a cappella, con mucho feeling y con una voz de contralto que sonaba como un contrabajo bien tocado.  A la sazón, trabajaba de cocinera en una residencia del Vedado.

Fue allí donde comenzó a aparecer noche a noche, una mujer dotada de una poderosa voz de contralto, que se sentaba a cantar, por ejemplo, una versión al español de The Man I Love (El hombre que yo amé) dando muestras de una musicalidad especial cuando intercalaba, entre frase y frase, unos tarareos equivalentes a los giros instrumentales que van armando los arreglos orquestales y que van funcionando como referencia a la armonía, elemento muy a tener en cuenta en este tipo de canciones conectadas con el repertorio de los hoy llamados "standards" norteamericanos (digamos, con el jazz)
Total, que para 1959 estaba catapultada al éxito, en los mejores cabarets de Cuba. Era el último hallazgo. Guillermo Cabrera Infante la noveliza como Estrella, en su novela Tres Tristes Tigres, y le dedica varios capítulos.

  Freddy graba su único disco, comienza a viajar a México, y termina la gira quedándose en Puerto Rico, donde muere en 1961.

 
 

EL ORIGEN DE EMPINAR CHIRINGA !!!!!

 

 Chiringas o cometas son de remoto origen y fueron usadas por varios pueblos asiáticos y en el antiguo Egipto. Se dice que fueron inventados por el griego Arquitas de Tarento (sur de Italia) en el siglo V a.C. Sin embargo, también se sabe que tienen origen prehistorico entre los pueblos asiáticos.
Las chiringas han sido usadas con propósitos prácticos y como pasatiempo.

El diplomático y científico estadounidense Benjamin Franklin experimentó con cometas para investigar los relámpagos. También hizo estudios con ellas el físico e inventor Alexander Graham Bell.
 
Comenzando en la década de 1890 y continuando durante 40 años, cometas celulares (consistentes en dos o más cajas con los extremos abiertos, conectadas entre sí) se usaron para hacer mediciones meteorológicas, como registrar la velocidad del viento, la temperatura, la presión barométrica y la humedad. A finales del siglo XIX y comienzos del XX se usaron cometas para elevar observadores militares hasta alturas desde las que podían observar la disposición de las fuerzas enemigas. Durante la II Guerra Mundial se usaron cometas como blancos de artillería.

Hoy volar o empinar chiringas es un pasatiempo popular y un deporte de competición.

 

lunes, 13 de mayo de 2013

Luisito Bravo, el idolo olvidado de Palma Soriano.



 

 Hijo de Palma Soriano, con una voz dulce y melodiosa, Luisito Bravo Pujals fue uno de los iniciadores del rock en español en Cuba. Su imagen de adolescente sonriente con la guitarra en bandolera cautivó la imaginación de millares de jovencitas.
Llegó a La Habana en 1959 ya había sido solista de Los Rítmicos, un conjunto de adolescentes palmeros que lo mismo interpretaba una ranchera, un tango o música bailable cubana.  Pero el rock americano había entrado con fuerza en Cuba y un día de 1959 decidió probar suerte en La Habana donde a través de otro palmero, René Puig, contacta con el agente artístico Heliodoro García que le encamina en el competitivo mundo de la música profesional. En los estudios de Radio Salas, en San Rafael y Consulado, graba varios números entre ellos “Elenita” y “Dame un poco de tu amor”. Allí hace amistad con Ricky Orlando y pronto estará cantando en el cabaret Nacional de Prado.

 Es entonces que el venezolano Gumersindo Castro, dueño de la disquera Velvet comprende su talento y le graba dos Long Playing (Luis Bravo y Tus Canciones) y once SP de 45 rpm con dos y cuatro canciones cada uno. En menos de tres años hace una brillante carrera con sus versiones en español de aquellas canciones popularizadas por los grandes cantantes de la época de oro del rock and roll. Con “Ya tu ves” de Fats Domino y “Tiernamente” (Tornasorrento de Elvis Presley) gana un disco de platino en 1961 por más de 500 000 copias vendidas; “Oh Carol” (de Neil Sedaka) y Adán y Eva (de Paul Anka) vendieron más de 200 000 copias gracias a lo cual recibió el primer disco de oro; poco después recibiría el segundo por las ventas de “El Fantasma del Circo” y “Tus Canciones” que superaron las100 000 copias.

 El nivel de popularidad de sus rock lentos y baladas rock en una isla que apenas tenía 6 millones de habitantes y en cuyos escenarios se presentaban los artistas internacionalmente más famosos (desde Lucho Gatica hasta Pedro Vargas) no han sido alcanzado, ni antes ni después, por ningún otro cantante cubano de ese género musical. Un triunfo que abrió el camino para muchos otros cultivadores del rock que siguieron sus pasos.

 Pero las intervenciones de teatros, clubes, disqueras y emisoras de radio y televisión que entorpecieron la divulgación estable, imprescindible para el artista y el temor del nuevo gobierno a la rebeldía juvenil que el rock simbolizaba conllevó a presiones políticas de todo tipo. Rescatar las raíces musicales fue casi un grito de guerra y Luisito Bravo, en la cúspide de su fama, decidió emigrar.

 En el exilio, su éxito se apagó como el de tantos otros. Todos le olvidaron, aquí y allá, sus canciones desaparecieron de la radio y los traganickeles. Y quizás decepcionado por una carrera artística arruinada cuando apenas comenzaba se entregó a la bebida hasta que una cirrosis hepática acabó con su vida en 1999.

 A la música cubana no le fue mucho mejor. Se cerró al mundo prohibiendo a cualquier cantante con suficiente popularidad para competir con el gobierno. Y aunque muchísimos años después el otrora proscrito John Lenon fue eternizado en una estatua de un parque habanero, de nuestro Luisito apenas queda un recuerdo en el corazón de los que alguna vez, siendo adolescentes, le aplaudimos. Pero algún día en una Cuba libre tendrá su estatua.

 
 
 

sábado, 11 de mayo de 2013

Maria MAgdalena y Cabrales, esposa de Antonio Maceo.

MARIA MAGDALENA CABRALES
 

 María Magdalena Cabrales nació en la finca San Agustín, en San Luis, Oriente, el 20 de marzo de 1842. Se casó con Antonio Maceo el 16 de febrero de 1866. Marchó a la manigua con Mariana Grajales. En estado de gestación y un niño de meses, sufrió en el monte la muerte de las dos criaturas.

Cuidaba a enfermos y heridos en combate. Acompañó al Titán de Bronce en toda la guerra de 1868. Tras el fin de esta contienda, salió para Jamaica con Mariana, en mayo de 1878. Durante la llamada Tregua Fecunda (1880-1894) fundó y presidió el Club de Mujeres Cubanas en Costa Rica y posteriormente el Club Femenino José Martí, en Kingston, Jamaica. A mediados de 1899 regresó a Cuba. Murió en la finca donde nació, el 28 de julio de 1905.